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La Tentación de Santa Rosa

Jan 2, 2018
5 min read
Por: TereMike (Miguel Angel Aguilar Arreola)

El arte es el receptáculo de las ideas sobre algo, por lo tanto el arte no nos expresa la realidad, si no lo ideal de una cultura sobre algo, la imagen deja de ser simplemente imagen para volverse símbolo. Desde la Prehistoria, como parte del enfrentamiento del hombre con su entorno, la sexualidad ha sido un tema demasiado representado. La imagen sexual puede ser manejada para el ritual o para el erotismo, dos actitudes que muchas veces parecen juntarse, aun cuando esto se encuentre velado.

La Tentación de Santa Rosa de Lima.

En el retablo a santa Rosa de Lima, ubicado en la capilla de San Felipe de Jesús de la Catedral Metropolitana de México encontramos una pintura un cuanto curiosa salida del magnífico pincel de Villalpando. Se nos representa una mujer ataviada con un hábito monacal (dominico) siendo atacada por un ser demoniaco de grandes dimensiones, este ser parece querer tomarla entre sus brazos para poseerle mientras la mira lascivamente, mientras la fémina lo rechaza con una fuerza que parece brotar de su interior y se manifiesta en sus actitudes. Las actitudes del personaje femenino parecen en si una paradoja pues a pesar de su pequeña estatura, en comparación con el monstruo, su cara nos habla de una grandeza que somete incluso al que parece ganarle en tamaño y fuerza física.

Rosa de Santa María, en el mundo Isabel flores, fue una terciaria dominica nacida en Lima, Perú. Su vida la dedicó al servicio de los pobre y enfermos, fue conocida en todo el Perú por sus labores altruistas así como por sus momentos de gran misticismo y penitencia. De gran belleza siempre fue asediada por un sin fin de pretendientes contra los que tuvo que lidiar, aun a costa de enfrentarse con su madre quien veía a su hija como una gran inversión. La muerte de Rosa congrega a todo el Virreinato del Peru y su figura se convierte en bandera del criollismo tras su canonización en 1668. Rosa no fue monja, pero su figura, tras una serie de construcciones hagiográficas siempre resaltando su vida contemplativa, se convierte en el modelo de la religiosa americana.

 Su efigie se volvería famosa con rapidez y fue representada innumerablemente, incluso pinceles famosos como los de Murillo la plasmarían. Nueva España hizo lo suyo con artistas de la talla de Cristóbal de Villalpando (1645 – 1716), considerado uno de los pintores más importantes pinceles del barroco por lo variado de su obra que lo mismo se expresó en el tenebrismo que en la luminosidad cromática.

Rápida mirada de la sexualidad novohispana.

La reforma protestante pone en duda la validez de la vida monacal, Lutero mismo ataca la vida religiosa y la considera inútil, sobretodo el voto de castidad que parecía contradecir los mandamientos del Génesis. Los padres conciliares de Trento, utilizando las ideas de Santo Tomás de Aquino defienden y sobrevaloran la vida conventual y por ende la vida casta, actitud de vida que consideraban más virtuosa pues disponía a la persona hacia una existencia totalmente contemplativa. Tras esta actitud, la Iglesia Católica imponía el sello agustiniano de la división alma y cuerpo despreciando todo lo que tuviera que ver con este.

La sexualidad, entendida como una actividad completamente reservada al placer corporal, fue duramente castigada en su forma lúdica, los manuales de confesores engrosaron los capítulos relacionados con ella y su punición, siendo el cuerpo femenino lo más punible pues se consideró símbolo de tentación y descontrol.

El mundo novohispano juntaría la moral española con la azteca, las dos igualmente de cerradas con el tema de la practica sexual mas no con el sexo como símbolo. Aun así tenemos la seguridad de que la Nueva España vivió su sexualidad más libre, el estudio de los médicos árabes le dieron una nueva dirección respecto a su erotismo (siempre relacionado al estado matrimonial), tal como lo encontramos en el tratado: Speculum al joder.

El clero vivía otra sintonía respecto al cuerpo, la renuncia a los placeres era englobada en el voto de castidad y al menos en el ideal la sexualidad fue algo prohibido, un tabú, algo que se tenia que castigar. Pasar de la cárcel del cuerpo para encontrarse con su alma. Los religiosos y religiosas se convirtieron en un intento de asexuados pero que siempre encontraban escapes contra la gran represión sexual , si no era disfrutando de la practica genital lo hacían sublimando y descubriendo el erotismo simbólico que se representaba en éxtasis o visiones.

Éxtasis, estigmas y visiones fue la manera de santificar el cuerpo y podemos decir que fue la manera sana de vivir una sexualidad sin represiones, entendida como medio para la vida mística. Sin duda el misticismo ayudo a la configuración de la revaloración corporal en la sociedad occidental.

 La obra.

El cuadro Tentación de Santa Rosa, descrito al inicio, representa una de las muchas luchas que Santa Rosa tuvo que librar con el demonio para salvaguardar la donación voluntaria de todo su ser a Cristo, lucha que culminaría con el triunfo de Rosa y su Matrimonio Espiritual. En realidad podríamos leer las visiones de Rosa como la expresión simbólica de todo un enfrentarse continuamente a sus propios vicios y a las estructuras que sobre ella imponía la concepción patriarcal que se tenia de la mujer virreinal, exaltada como madre. La virginidad para ella, como para muchas otras, representaba la liberación de roles que la ataban a una casa y un marido para dedicarse a algo más grande y trascendente. Pero para la concepción oficial teológica de esa época Rosa era símbolo de la mujer que se virilizaba y triunfaba contra la fragilidad de su cuerpo despreciándolo para encontrar solo la vida del espíritu.

Villalpando pinta la obra como un manual de buenas costumbres eclesiásticas sobre todo nos muestra cual tenía que ser su actitud respecto a la sexualidad. Villalpando nos presenta a una Rosa, la cual nos recuerda a “El Rapto de Proserpina” de Bernini, que lucha en contra de las preposiciones satánicas de quebrantar su voto de castidad. Rosa como santa es modelo, y por lo tanto adoctrina como debe ser el comportamiento del consagrado, que para esa época de la Nueva España ya no tenia tan excelente fama por los escándalos sexuales que protagonizaba la Iglesia día con día.

 Por último este cuadro también era una llamada de atención y una invitación a la conversión. Toda persona religiosa de la Nueva España conocía la vida de Santa Rosa y por lo tanto sabía que esta mística peruana siguió los pasos de Santa Catalina de Siena, mujer conocida por sus acciones reformadoras y sus escritos fuertes destinados a combatir las “perversiones sexuales” del clero romano del S. XV.

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