La primera muerte
Soy un pedazo de oscuridad,
retorciéndose en el fuego que no perdona,
presagiando tormentas, soles azules que se
marchitan como la sombra de los condenados.
La noche, indivisible frontera de tu carne,
me acecha oliendo a ceniza y azufre,
un batir de alas evaporándose en el alba,
en el silencio cómplice que canta el fin de los días,
la primera muerte y también la última.

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