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La oscuridad que conoces, Amy Engel

Feb 13, 2024
4 min read

La oscuridad que conoces es una novela cruda y lúgubre, una historia dura sobre lo difícil que es salir del círculo de la marginalidad. Por el argumento esperaba una novela negra de manual en donde un asesinato rompe la rutina de un pequeño pueblo aislado donde todo el mundo se conoce y sí, tiene parte de eso, pero también tiene un punto descorazonador, que deja mal cuerpo durante y tras la lectura.

El libro arranca con un primer capítulo, El final, en el que un narrador omnisciente relata en tercera la muerte de dos niñas de doce años, Izzy y Junie, asesinadas de forma brutal en el parque de Barren Spring, un pequeño pueblo de una empobrecida zona de los montes Ozark, en Misuri. A continuación, el siguiente episodio cede la palabra a Eve Taggert, la madre de Junie, quien, a punto de acabar su turno en la cafetería donde trabaja, recibe la visita de su hermano Cal en calidad de policía para comunicarle la brutal noticia de que su pequeña ha sido asesinada.

Como es lógico, la protagonista queda totalmente destrozada. Y es que Junie era el centro de su existencia. Eve ha tenido una vida muy complicada, con una dura infancia de pobreza extrema y una madre alcohólica y drogadicta que no demostraba ningún tipo de cariño hacia ella. El único apoyo que tenía era el de su hermano mayor. Cuando se quedó embarazada con apenas 17 años, al contrario de lo que suele ocurrir en estos casos, no sintió que convertirse en madre soltera adolescente fuera a acabar con ella, sino que fue su tabla de salvación. Junie le dio una motivación para salir de este mundo marginal y oscuro y desde que nació hizo todo lo posible para que no le faltara lo más básico y tuviera una infancia lo más feliz posible. Sí, eran pobres y estaban ellas dos solas (y de vez en cuando Cal), pero en su pequeño apartamento no faltaba cariño ni esperanza por un futuro mejor. Sin embargo, cuando la niña es encontrada muerta, la luz de Eve se apaga y vuelve a ella la oscuridad que conoce. De ahí el título de la novela.

Aunque la protagonista está rota, no cae en las drogas (con receta o sin ella) o en el alcohol. No se lo puede permitir. Como tampoco puede permitirse quedarse en casa regodeándose en su desgracia. Y es que dado que la policía no parece avanzar lo suficientemente rápido en la investigación, decide, sin nada que perder y rota de dolor, alimentarse de esa tristeza que la inunda, de esa rabia, de esa sed de venganza, para dar con el culpable y hacer justicia a su manera.

La oscuridad que conoces se centra entonces en la búsqueda de respuestas de Eve. Y, a medida que va uniendo piezas sobre los últimos meses de su hija, va sumergiéndonos en su propia vida por medio de flashbacks y recuerdos. De alguna manera ella también regresa a aquel pasado que había dejado atrás. Y es que desde que nació Junie había modulado su carácter para no caer mal a nadie y que luego esa animadversión pudiera recaer sobre su hija. No obstante, con la pequeña fuera de la ecuación puede dejar de lado las sonrisas falsas y sacar su odio e instinto más carnal. Tampoco tiene otra opción, ya que en el mundo atroz en que vive donde los secretos, las drogas, la violencia y la corrupción están a la orden del día, no hay cabida para la sensibilidad, la empatía o la comprensión. Nadie va a dar una respuesta a la primera, por lo que tendrá que dejar salir su lado más oscuro y seguir su instinto para desenterrar los secretos y las relaciones ocultas.

Amy Engel logra crear una magnífica ambientación. Nos transporta a ese pueblo pequeño alejado de todo, empobrecido, donde todo el mundo se conoce demasiado bien y en el que el incumplimiento de las leyes no siempre es perseguido. La vida es difícil y apenas hay oportunidades. Es fácil entender a Eve, pues se siente esa atmósfera lúgubre y de desesperanza. Nos hace empatizar con su rabia y sus ansias de venganza. Sin embargo, a pesar de que su narrativa es directa rehuyendo de grandes florituras, sencilla gracias al uso del habla coloquial y ágil con abundantes diálogos y capítulos cortos, en determinados paisajes resulta repetitiva porque la protagonista vuelve una y otra vez al mismo punto. La novela comienza fuerte, pero a medida que avanza la historia va perdiendo ritmo y hacia el final parece como si todo se precipitara. El final me parece predecible a la par que decepcionante. Y es una pena, porque la idea de novela policial con tintes de drama social me resultaba muy interesante.

La oscuridad que conoces es inquietante, incómoda y desgarradora por momentos con una historia de lazos familiares, de lo que puede condicionar a una persona el entorno en el que se cría, de lo difícil que es salir de un ciclo de pobreza, violencia y adiciones. Una pena que tenga un ritmo desigual y que no profundice en los personajes más allá de la protagonista.

 
 
 

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