La neurosis mitológica de la ciencia moderna
“Es de todas maneras una fe metafísica la que subyace nuestra fe en la ciencia”.
Nietzsche, Gaia ciencia

Vaya sorpresa tan agradable fue toparme con un fragmento del texto de Alejandro Martínez-Gallardo, La sociedad moderna, libre e igualitaria: ¿el rebaño perfecto?, el cual trata sobre la contradicción implícita en el pensamiento científico. Un texto que, además, incluye la mejor crítica que he leído al pensamiento de Nietzsche. En un acertado fragmento del texto, Martínez-Gallardo refiere que:
“Los grandes logros de la sociedad moderna, con los que supuestamente se ha querido librar de las creencias y de la metafísica, son sistemas de creencias y metafísicas encubiertas. La ciencia es el nuevo mito, el mito que ha ganado tracción y poder, para paliar nuestro miedo al caos y la incertidumbre, para adormecer nuestros instintos y evitar el encuentro terrible-numinoso con el misterio. La fuerza que mueve a la ciencia no sería el deseo de conocer la realidad, ni siquiera de dominarla, sino de eliminar su peligro, de domesticar la existencia”.
Completamente de acuerdo. La ciencia es el reflejo de un miedo atroz al vacío. El problema del pensamiento científico es que siempre será incompleto, no puede abarcar la totalidad de la existencia, el misterio que encierra la vida. Esta falta de totalidad se resiente en la neurosis de saberse incompleto. De ahí proviene ese sentimiento de angustia y zozobra tan propio de la sociedad moderna, siempre sedienta de lo nuevo. Ahí reside también la fe en la tecnología y el progreso, que habrán de -supuestamente- salvarnos del caos. Por eso los científicos recalcitrantes no entienden que todos estamos locos y que la locura es una forma de abrazarnos con el todo. El grito del poeta se resiente en las estrellas. De esas cosas no trata la ciencia, tan fría, tan metódica, tan racional. Y el ser humano es todo, menos racional.
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