La lluvia evoca tu boca
Mi sangre llora un corazón hinchado de amargura, sediento de mañana.
Sentado en tibia oscuridad recojo los pedazos de mi alma perfumada de recuerdos, dudas y extravío.
Sediento voy hacia tu boca, ese jardín remoto donde florecen mis sueños, subterráneos y errantes, como el viento cuando se descuelga de los fresnos para hacer volar tu enmarañado pelo.
Sumergido en impaciencia, te evoca la lluvia y el remanso de la noche, y me quito la mordaza para que mi lengua sea el fuego delirante donde ardan tus miedos en un violento arrebato de besos y flores.
Todavía quedan resquicios de aquel extraño mareo de ansiedad y laberintos… y la tristeza ahogada entre la espuma. ::.

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