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LA INSOPORTABLE GRAVEDAD DEL PRIVILEGIO: LA DOLCE VITA (1960) Y LA GRANDE BELLEZZA (2013)

Apr 19, 2020
3 min read
 J. M. León de la Rosa

¿Qué nos queda cuándo uno puede satisfacer lo esencial y más allá?

Durante estos días de aislamiento y de insomnio no puedo dejar de pensar que mis problemas actuales no rebasan ni representan algo más que caprichos. Durante muchas noches de desvelo no dejé de postergar y olvidar temores y sentimientos infinitamente superiores a un brindis con vino. Es ahora cuando aquellos demonios que uno pone en silencio se asoman y nos asustan durante el sueño. Oh, la insoportable gravedad del privilegio, que fácil es romantizarte.

Una disculpa por mi exacerbada sinceridad. El día de hoy le tengo una película italiana de 1960. La dolce vita es producto de la dirección del legendario Federico Fellini, estelarizada por Marcello Mastroianni, Anita Ekberg y Anouk Aimée. Esta obra engloba los dos periodos característicos del autor, es la suma de un neorealismo lleno de días y noches por los restaurantes y bares de la burguesía de Roma, y es un ejercicio de reflexión y de simbolismos sobre nuestra existencia.

Marcello Rubini (Marcello Mastroianni) es un escritor frustrado que trabaja de reportero de farándula, por lo que tiene acceso a la vida de glamour de la alta clase italiana. A lo largo de sus aventuras por los lugares de moda se puede mostrar la ilusión en la que viven aquellos que pueden satisfacer todo a cambio de algunos billetes; en un mundo de apariencias es fácil ponerse la máscara durante las horas que dure la fiesta. Al final de la noche parecerá más fácil rendirse ante el hedonismo que nos ofrece aquel estilo de vida, abandonando nuestra forma de pensar y nuestra individualidad, todo con tal de encajar en realidades que se nos han impuesto como deseadas.

Hoy en día parece imposible hablar de La dolce vita sin rescatar el filme hermano que realizó Paolo Sorrentino en el 2013, la ganadora al Oscar, La grande belleza. Otra historia que aborda la vida de la clase alta del país de la bota, que si bien está influenciada por la obra de Fellini, no se siente jamás como una copia, sino como un complemento y un estudio paralelo. La película nos muestra la cotidianeidad de Jep Gambardella (Toni Servillo), un escritor de mediana edad que conquistó el éxito con su obra prima a muy temprana edad y que no ha vuelto a “triunfar” desde entonces. Una vida “satisfecha” en sus primeros años y que día con día exige dotar de significado a su hoy y mañana.

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Al final, el verdadero significado de la vida no es absoluto ni general. Una realidad frívola y una modernidad líquida, como menciona Bauman, llevan al ser humano a jamás sentirse satisfecho con su ahora. Ni Fellini, ni Sorrentino muestran o tienen la respuesta a la vida, pero el espectador está más cerca de llegar a ella cada vez que mira estas grandes obras romanas, puesto que el tiempo pasa y uno no vuelve a ser el mismo de hace años. La inmensidad y la incomprensibilidad del mar enmarcan las escenas finales de ambos largometrajes. Por una parte, Marcello ha decido sucumbir a la superficialidad, así como el pescado que yace en la arena, se encuentra con los ojos abiertos, pero muerto por dentro. Jep, con más experiencia y quizás habiendo vencido las batallas, contempla el mar con calma y con agallas para volver a triunfar. Ha encontrado la gran belleza de aquella dulce vida que tanto se promete en las calles.

 
 
 

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