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La filosofía de Nietzsche. La verdad como interpretación

Apr 3, 2025
7 min read

¿Qué es una interpretación? ¿Cómo definirías ese concepto?

En sentido general, una interpretación es el proceso de dar significado o explicar algo, ya sea un texto, una obra de arte, un evento o una acción. Dependiendo del contexto, puede tener diferentes significados:

  • En la traducción: Se trata de convertir el significado de un idioma a otro en tiempo real, lo que se conoce como interpretación simultánea o consecutiva.

  • En el arte y la literatura: Es la manera en que una persona entiende y explica una obra, como un poema, una película o una pintura. Por ejemplo, una película puede ser interpretada como una crítica social o simplemente como entretenimiento.

  • En el derecho: Es la forma en que se analiza y aplica una norma o ley en un caso específico.

  • En la música y el teatro: Se refiere a la manera en que un actor o músico expresa una obra, añadiéndole su propio estilo y emoción.

¿Qué significará que la verdad es una interpretación?

Tal vez ya hayas caido en que todos los filósofos, o al menos los grandes filósofos, se posicionan de algún modo ante la historia de la filosofía como si fuese un todo. En algún momento de sus obras hay una frase mas o menos así. “Todos mis predecesores se caracterizaban por esto….y se equivocaban”. En este sentido la historia de la filosofía es un permanente reinicio. Se repite en la filosofía este sentimiento de ser pionero, la convicción de haber salido del modo común de ver las cosas.

Ningún filosofo ejemplifica mejor esto que  Nietzsche. El fue, y se concibió como tal, un verdadero reiniciador. También fue, y se concibió como tal, un verdadero solitario. Cuando leemos su biografía comprendemos que experimentó como nadie una doble vecindad de la filosofía;  La vecindad con la soledad y la vecindad con la locura.

Es díficil hacer una exposición sistemática del pensamiento de Nietzsche, porque en ningún momento escribió un libro que fuera una especie de compendio de su filosofía. Pero vamos a intentar hacer esta sistematización empezando por un campo sobre el que reflexiono desde el principio; el lenguaje.

Nietzsche el sofista.

Nietzsche se va a preguntar cómo significan las palabras. La respuesta clásica, desde Platón, es; las palabras tienen un significado porque las cosas tienen una esencia. Por encima de su naturaleza convencional, las palabras conservan un significado gracias a su esencia. A lo largo de la historia de la filosofía, la discusión principal es si los hombres acceden de hecho a estas esencias, o si el acceso a las esencias es algo asintótico, es decir; susceptible siempre de mejorarse, pero no de  completarse. Pero Nietzsche no se interesa por esta cuestión. Mas bien es la misma cuestión de la esencia lo que le resulta sospechoso. ¿El significado de las palabras se basa en la esencia? Mas bien es al revés, dice Nietzsche, creemos que las cosas tienen una esencia porque tienen un significado convencional.

Cuando Nietzsche afirma que los hombres creen en Dios porque creen en la gramática, no hace mas que  reconocer esta relación entre significado y esencia, entre lenguaje y ontología, vale decir; metafísica. Luego, en “Verdad y mentira en sentido extramoral”, afirmó esta tesis escandalosa. Verdadero es lo que favorece la vida, falso lo que la perjudica. La tesis es perfectamente coherente con la convencionalidad del lenguaje; si los significados son impuestos, lo son en tanto sirven a un interés.

Si queréis entender esto, acordaos de cuando a principio de curso hablábamos de los sofistas. Recordad los discursos de Bruto y Marco Antonio en Julio Cesar. La pregunta que podríamos hacernos es algo así como: ¿Merecía realmente Julio Cesar morir? ¿Cual es la verdad? Pero esta cuestión no tiene respuesta para Nietzsche. No hay ninguna verdad que sacar a la luz, sino solo opiniones enfrentadas (la de Bruto, la de Marco Antonio). Y la opinión que triunfa es la mas conveniente.

En su antiesencialismo, Nietzsche profesa una suerte de nominalismo; no existen las esencias, solo semejanzas. Como la esencia se manifiesta en la definición y la semejanza en la metáfora, un lenguaje metafórico es mas honesto que uno construido sobre definiciones (porque la metáfora no aspira a determinar esencias, sino solo a mostrar la semejanza de algo, que es accidental y mudable.)

Un resumen un poco rápido de esta cuestión es que los filósofos clásicos, (Platón sobre todo) han entendido que cuando llamamos a varias cosas por el mismo nombre es porque comparten una esencia común. Por ejemplo, que todos los seres humanos tienen algo en común, que todo lo bello tiene algo en común, que todo lo justo tiene algo en común, etc. (Y eso es la Teoría de las Ideas)

Pero para Nietzsche, cuando hablamos de algo que tiene el mismo nombre solo hay algo así como un parecido de familia; los humanos se parecen en algo, lo bello se parece en algo, lo justo se parece en algo…

Esto es un cambio bastante profundo en la forma de ver las cosas porque los parecidos son subjetivos e interesados. Es normal, por ejemplo, que una persona vea parecidos donde otra no lo ve, a todos nos pasa esto. Es común que para alguna gente tal actor se parezca a tal persona, o que tal bebé se parezca a tal o cual familiar… mientras para otra gente no hay ningún parecido. Esto, ya digo, resulta normal, pero Nietzsche avista que también pasa lo mismo con el resto de nuestro conocimiento; también decimos que a mi me parece algo justo, me parece algo bello, algo me parece amistad, algo me parece verdad… y a otra gente no le parece en absoluto (porque no le interesa que sea así).

Hace unos años hubo una polémica respecto a si Plutón es o no es un planeta. La discusión desembocó en la creación de una nueva categoría (planetoides o planetas enanos) que dista de estar muy clara, porque todavía no se sabe bien a qué objetos se aplica y a cuáles no. En algunos casos algo parece un planeta pequeño, en otros parece un asteroide. Hay un momento en el que tienes que tomar una decisión sobre cómo vas a usar estas categorías. El mismo caso podría darse sobre otros conceptos (“¿son las ballenas peces?”). El tema es que las fronteras son extrañas. No hay una razón muy de peso para considerar un territorio Francia y otro España. Y nuestras fronteras conceptuales también son extrañas.

Que no existan esencias, sino semejanzas, quiere decir que en los seres no hay una identidad común, sino a lo sumo una semejanza. La diferencia es que la esencia es algo esencial, esto es, necesario, mientras que la semejanza es algo accidental. A cierto grupo de individuos se les llama hombres no porque lo sean, sino en virtud de cierto tipo de interés. A lo que Nietzsche hace  referencia es a la complejidad del proceso de atribución ontológica, es decir, a la complejidad de responder a una pregunta como “¿qué es eso?”. Esta complejidad reside en que es colectivamente, y en virtud de intereses (y no individual y desinteresadamente) como se responde a la pregunta. En esta situación, decir la verdad, responder de forma satisfactoria a la pregunta “¿qué es eso?”, significa tan solo usar las metáforas usuales.

Tal vez podemos ilustrar esto si atendemos a un campo donde los intereses se manifiestan con bastante crudeza; la política. En la vida política utilizamos términos como patria, socialismo, comunismo, libertad, machismo, heteropatriarcado, terrorismo, igualdad, facha, derecha, mercado, pro vida, fake news, democracia…. Lo interesante de esto es que cada grupo de personas lleva a cabo una lucha para imponer un cierto significado a estas palabras. No hay mas que atender un minuto a la peculiar forma de hablar de los participantes en el debate político para comprender que el lenguaje es un campo de batalla.

En este monólogo George Carlin va a hablar de como se utiliza el lenguaje para modelar la realidad en una carrera de eufemismos.

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Edvard Munch - Portrait of Friedrich Nietzsche | Comment peindre, Les arts,  Edvard munch

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Nietzsche avisa que lo que pasa es que el hombre, claro está, ha olvidado que la naturaleza de su lenguaje es metafórica e interesada. A fuerza de usarlos, ha llegado a creer que el significado de sus conceptos es universal y necesario.

Si no hay esencias, y si el lenguaje es metafórico, el conocimiento es interpretación, pues no se averigua, sino que se interpreta, el significado de una metáfora. ¿Y en donde se detiene y descansa la interpretación? La interpretación no se detiene nunca. Privado de una referencia a la esencia, el conocimiento se convierte en interpretación y la interpretación tiene carácter recursivo; siempre es a su vez susceptible de interpretarse.

Para daros una ilustración de aquello de lo que habla Nietzsche, aquí os dejo una magnifica referencia en la película Rashomon, de Akira Kurosawa. Este filme es una de las obras maestras de uno de los directores mas importantes de la historia. La película describe un crimen a través de las versiones de cuatro personajes; el asesino, la victima, su mujer y un testigo. ¿Cuál dice la verdad?


Nietzsche descubrió en esta infinitud de la interpretación el carácter maldito del conocimiento. El hombre no puede perseguir interpretaciones infinitamente, y en algún momento ha de detenerse y decir: “esto no es interpretación; es mi certeza”. No hacerlo así supone caer en la locura. En esta tensión se encuentra el filosofo: el conocimiento pide continuar la interpretación, la vida pide “basta”. “Perecer por el conocimiento absoluto muy bien pudiera formar parte de los fundamentos del ser.” (Mas allá del bien y del mal. En la primera parte de este libro, hay frecuentes referencias a Descartes; su objetivo de alcanzar un conocimiento absolutamente fundado le parece inútil a Nietzsche, que trata de refutar el cogito.).

La interpretación es infinita. Pero además la interpretación es impuesta. Sabemos para qué; para reforzar la vida. Pero ¿la vida de quien? En ocasiones, la interpretación refuerza la vida de todos los hombres, es entonces meramente una adaptación biológica. Pero a veces la interpretación es impuesta por unos hombres a otros para reforzar su vida particular.  Por todo ello, interpretar una interpretación no es preguntarse acerca de qué se  habla, sino a quién sirve, a qué sentimiento vital. No en vano Nietzsche ha comenzado como filólogo y terminado como fisiólogo.

Fisiólogo de la Voluntad de Poder.  Que el lenguaje expresa un sentimiento vital es la concepción de Nietzsche de que el lenguaje expresa una voluntad de poder. Pero con ello del análisis del lenguaje hemos desembocado en la medicina. Y de eso hablaremos en el próximo capítulo.

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