La ciudad entre duermevela y poesía
No se puede recrear la luz del sol.
Un día que puede ser cualquier otro día, es un día perdido, como nubes sin alma que transcurren en el cielo.
Un poco de magia para romper la monótona simetría del mundo: aprender a contemplar la belleza de la suciedad es limpiar la mirada interior.
Un tibio despertar de palabras durmientes.
Era tu aroma de mujer etérea en el disturbio de tus labios entreabiertos.
La duplicidad del aire claro era como un sorbo de luna en medio de la oscuridad.
Todo en ella era blanco o negro, salvo las flores.
Un paseo en la arboleda, una melodía que irrumpe de pronto en la noche pasajera.
Y de pronto el acontecimiento de su lengua y sus dedos trazando mapas en mi cuerpo, pero yo venía de otras coordenadas y no sabía qué era aquello de amar sin perder la razón.
Una luz parpadeando entre los cerros, un poco de paz en medio del caos.
Huele a mar, como palabras escritas sobre el agua.
Una caminata sin rumbo para estirar las ideas que vienen y van del corazón.
Algunos libros adorables sobre la repisa, y los versos levitaban.
La poesía siempre encuentra su cauce.
Me gustaría que fuera para siempre.
Solamente un instante.
Un juego de dos. ::.

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