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La Cebra Arcoíris: el oropel del White LGBT

Sep 21, 2018
3 min read
Por: Sergio Fuentes Martínez.

El Consejo parar Prevenir y Eliminar la Discriminación de la CDMX ha anunciado con bombo y platillo la inauguración de un paso peatonal pintado con la bandera arcoiris de la Diversidad Sexual en la calle de Génova, ubicada en la Zona Rosa, de la Ciudad de México. Señalización que en el pasado ya había sido puesta de estos colores (como el paso peatonal entre el Hemiciclo a Juárez y el Templo de Corpus Christi, en la Alameda Central), pero que, curiosamente no había tenido la misma visibilidad que en esta ocasión, emulando a otros países del mundo que han realizado este acto de “visibilidad”. No vemos nada de malo en pintar un paso peatonal así, el problema es que un acto de este tipo no ayuda a disminuir la “lgbt-fobia” y tampoco visibiliza nada, es solo una mampara para selfies y el lucimiento mediático de quien lo impulsa.

En primer lugar, Zona Rosa es una de los espacios del privilegio gay, donde el “dinero rosa” hace que los actos homofóbicos sean menores o hace de estos algo mas complejo al provenir de otras personas LGBT que discriminan por raza, tipo de cuerpo, estado de salud, etc. Diferente hubiera sido si este paso se hubiera colocado en alguno de los pazos de la Plaza de la Constitución o de las avenidas circundantes a la Alameda Central, o en Eje Central Lázaro Cárdenas, donde la afluencia de personas es mayor. Al final, el paso queda no como un acto significativo, sino solo como una mera ocurrencia de algo lindo y sin carácter profundo, pues no educa, solo es un escenario propicio para nuestro narciso gay de querer ser Ámsterdam o Los Ángeles. Si el interés de las instituciones nacionales y extranjeras, publicas y privadas es evitar la homofobia deben trabajar en asuntos prioritarios para la concientización y educación de la sociedad. Tenemos una ciudad gay friendly, que se ha encargado de colorear la urbe, de endulcorar la Marcha del Orgullo LGBT y de mercantilizar las protestas bajo el amparo corporativo. De definir así, al buen gay del mal homosexual, banalidades que al final solo irán al Instagram del influencer de moda.

No se puede decir que este es un acto inclusivo y representativo, cuando se lleva a cabo en una zona a la que muchas personas LGBT no pueden acceder a sus servicios o no se sienten afines a dichos espacios. Hay conciencia de que los actos no representan a todos, pero al ser pública la exposición los hace perceptibles de realizar la crítica. De ahí que la Cebra Arcoíris sea solo oropel, una falsa ilusión de inclusión. ¿Sería el mismo efecto haberlo puesto en Calzada de Tlalpan, donde decenas de mujeres trans trabajan?, ¿sería el mismo efecto ponerlo cerca de aquellos sitios donde sucedieron crímenes de odio?…

Lo mismo pasa con la idea de la ofrenda floral a los 41 maricones, ese histórico baile en tiempos de Porfirio Díaz, no solo desmarca el proceso histórico de la lucha, también demuestra la profunda ignorancia y la falta de pensamiento histórico de quien lo ideó. No entiende que el baile se inserta en un contexto histórico de represión, donde la lucha no existía como lo hacen ver, puesta esta se dio casi setenta años después. Los actos no deben ser simbólicos, sino concisos y generosos, fundamentados en la realidad y no en la expectativa de lo que se cree existe. De nada sirve la corona floral, si la población LGBT no conoce su historia, quienes fueron esos 41, cuál fue su impacto y como fueron víctimas de su contexto, no como personajes cooptados por el romanticismo activista.

Y no, no es que ningún chile nos embone, el problema es que esos chiles nos quedan muy chiquitos…

sergio
 
 
 

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