La blanca muerte
La muerte blanca y calavérica yace en tus venas.
Ronda tu mirada, pulcra, impía.
Se lava la cara con jabón de lavanda para enjuagarse los ojos de nostalgias y averías.
Luego se duerme mil años en el arrullo del arroyo de la vida, arrastrando remembranzas en el dulce verde de sus aguas, rozando piedras y raíces afiladas por el tiempo.
Muerte blanca y luminosa, hieres con el aire frío destilado de tu boca que me quita el sueño.
Quiero dormir para siempre a tu lado en esa clara oscuridad bajo tierra que es la muerte y donde habremos de volver desnudos tras el último suspiro y un último trago de vino.
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