KAKFA- EL ARTE DE LA SIMPLEZA
El primer contacto que tuve con la obra del escritor austrohúngaro, me la brindó una maestra en la preparatoria y de eso ya han pasado algunos años. De inicio, entendí que siempre recurriría a su prosa en tanto no se le escapaba nada vital; así fuera una coma, un punto o la crucial y nunca cumplida promesa de cualesquiera de los personajes.
Franz, maneja los tiempos con una maestría implacable. La sencillez con que narra, sorprendió incluso al mismo Borges: “La diferencia esencial con sus contemporáneos y hasta con los grandes escritores de otras épocas, Bernard Shaw o Chesterton, por ejemplo, es que con ellos uno está obligado a tomar la referencia ambiental, la connotación con el tiempo y el lugar. Es también el caso de Ibsen o de Dickens. Kafka, en cambio, tiene textos, sobre todo en los cuentos, donde se establece algo eterno.”
El buitre, debe ser de mis narraciones predilectas. No podría elegir sinceramente si es su novela o sus trabajos más cortos los que a mi gusto se desarrollan con mayor maestría, pero, en definitiva (y a pesar de que la construcción de la muralla China sea posiblemente el más aclamado de sus cuentos) la creación de la metáfora y el ambiente, son lo que me hace elegir la historia de aquella ave carroñera que no dejaba en paz los pies de un hombre, como aquella a la que le tengo, ya no sea asombro, pero sí cariño.
La sinceridad de Kafka siempre se hizo notar, podemos descubrir esto teniendo contacto con su Carta al Padre: “No recuerdo que me hayas insultado a mí directamente y con insultos explícitos. Ni tampoco hacía falta: ¡tenías tantos otros recursos!”. Sencillo, el arte de la simpleza es algo complicadísimo de lograr. Con tan solo una frase, entendemos justo los sitios que alberga, tal vez la oscuridad con que ha recibido la mano de su padre e incluso el cariño forzado compartiendo el mismo espacio que el odio contradictorio a la consanguineidad.
Es una lástima que Kafka no hubiera apreciado su propia obra, tal como nosotros lo hacemos en este tiempo ¿Cuánto más no pudo haberse sabido de su vida y cuántas vidas no se hubieran entendido, de las que su pulso fuera cincel?
Es vital comprender ciertas cosas precisas en los andares de la ciencia que a veces conlleva el lenguaje. La construcción de un personaje no es para nada sencillo y debemos partir de la idea de que este será esencial. Un personaje profundo, creará real conexión entre una historia sensible y lo que percibe el actor de lo narrado. Kafka, no es sino el perfecto ejemplo, nuevamente, de una creación sutil. Sin mayores complicaciones, la manera en que propone a los personajes de sus obras, se da con naturalidad constante. Refiriéndonos nuevamente a que en pequeñas frases logra crear la atmósfera entera, vemos repetido este fenómeno en quienes conforman la historia; con frases precisas, nos da lo suficiente, solo el suficiente trasfondo para comprender la función de cada uno dentro de la historia.
“Kafka ha sido uno de los grandes autores de toda la literatura. Para mí es el primero de este siglo. Yo estuve en los actos del centenario de Joyce y cuando alguien lo comparó con Kafka dije que eso era una blasfemia.”
– Borges
La capacidad atemporal que Franz contiene en su letra, es muestra de porqué su genialidad dio inicio a un nuevo ritmo en la literatura. Es inevitable pensar que, al escribir, uno siempre anda con las referencias de lo que conforma su entorno. Para el caso latinoamericano, nos encontramos con imágenes que atienden a la comogonía y otras formas del amor para con el mundo, así como melancolías diáfanas que se han criado en nuestros pueblos. Es precisamente por lo que el caso hispanoamericano tiene una sustancia distinta, este busca resaltar desde un inicio la forma en que se ha desarrollado el sometimiento de su gente, resaltando a su vez la magia única que poseen (ejemplo clave: las obras de Juan Rulfo).
Kafka va en contrario, con una línea de época en que los sucesos podrían ocurrir en cualesquiera de los tiempos humanos. Hay una gran memoria en esto, pues podrán pasar años y los cuentos de Cortázar (por ejemplo) siempre nos remontaran a Buenos Aires o a París, el Macondo construido por Gabo siempre existirá en su propio fenómeno y podrá ser el inicio de cualquier pueblo latinoamericano, pero la palabra de Kafka podrá deslizar por diferentes traducciones al paso del hombre, y la sensación de azúcar que ha de haber sentido la primera persona en leer a Kafka, será la misma que en el paladar de los siguientes seres que continúen con la humanidad.
Por ejemplo, yo leo a Kafka desde el sillón que se volverá viejo. Yo leo a Kafka desde el sillón que en algún momento fue nuevo. Yo leo a Kafka desde el sillón que algún día será escombros. Yo leo a Kafka desde el último rincón y desde el primero de la existencia:
“De todos modos, Kafka, ese soñador que no quiso que sus sueños fueran conocidos, ahora es parte de ese sueño universal que es la memoria. Nosotros sabemos cuáles son sus fechas, cuál es su vida, que es de origen judío y demás, todo eso va a ser olvidado, pero sus cuentos seguirán contándose.”
Ya hemos recurrido bastante a Borges, pero él también es pieza clave, pues a diferencia de muchos escritores latinoamericanos, el más cercano a este mismo fenómeno de intransigencia (debido a sus imágenes, debido a su equilibrio y debido a su maestría) no podría ser otro que Jorge Luis “soy eco, olvido, nada” Borges…
Me gustaría terminar con ciertas conclusiones, sin antes no dar la más importante: hay a quienes siempre ha de leerse, Kafka es uno de ellos.
Tal vez sea que su vida siempre se desarrolló con ciertas tragedias o que tal vez no se quería como (tampoco sin poder saberlo) lo queremos hoy nosotros.
Seguirán muchos otros tiempos, más murallas y más buitres. Pero siempre sabremos, quién es Kafka.
– Fósforo III

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