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Inadmisible

Mar 20, 2009
3 min read

Por Centa Reck

Por Centa Reck

Anoche nos volvieron a dejar de una pieza las declaraciones del Presidente Evo Morales, quien hizo todo un zigzagueo de palabrerías tratando de justificar la toma de la casa del ex vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas y la violencia ejercida sobre su esposa, hijos y sobrinos que se encontraban en el domicilio invadido y quemado por una turba enardecida. En cada palabra el Presidente destilaba un profundo rencor y odio, tanto que podríamos afirmar que este era el único hilo conductor de todo el mensaje que le planteaba al pueblo de Bolivia sobre el tema en cuestión. También en sus palabras era fácil identificar una amenaza velada que inevitablemente aparecía en cada frase que encaminaba con precisión, a veces dando algunos giros, pero decidido a dejarle saber a Cárdenas que el resentimiento que Evo siente es infinito. Por todo esto nos quedó claro que el odio ha sido inoculado desde el corazón del Presidente hasta los comunarios que han obedecido y han puesto el cuerpo y que además se han ensuciado las manos por obedientes y obsecuentes.

El presidente remarcó entre otras cosas, que el asalto que sufrió la propiedad de Cárdenas y la violencia desatada sobre su familia era un asunto que este tenía que resolver con su comunidad de acuerdo a usos y costumbres, “yo no se, es un asunto entre ellos”, dijo sacudiéndose la responsabilidad de proteger a la víctima o de propiciar un adecuado resguardo a quienes han caído en manos de la turba. Además culpó al ex vicepresidente de haber provocado este odio por haber estado actuando en contra de su persona, criticándolo y hablando en contra de su gobierno; según sus propias expresiones. Pero más allá de estas justificaciones que no son tales, y que muestran el corazón de hierro que tiene el presidente, esté llegó a tocar una fibra sensible de las debilidades y dolores de las que están plagadas las vidas de los seres humanos. Llegó a mencionar algo que rayó en el irrespeto y en una falta total de sensibilidad, cuando le echó en cara a Víctor Hugo Cárdenas la vieja historia de haber cambiado su apellido de Choquehuanca a Cárdenas y de Condori a Conde. Esto resulta espeluznantemente estremecedor en medio de los dramas que hoy se viven en Bolivia, con violaciones flagrantes a los derechos humanos, con ese tinte de racismo a la inversa de los indígenas hacia los mestizos que este gobierno ha impuesto en el pais, con todas esas cobranzas que nunca han resuelto ni resolverán nada, porque develan los puntos sensibles de la tragedia que hoy nos agobia en la medida que el propio ex vicepresidente ha relatado con total sinceridad cómo su padre tuvo que cambiarse el apellido para ingresar a cursar estudios de técnico medio en la universidad, temeroso y lastimado por la discriminación que en los años 1940 se levantaba en el occidente del país sobre los indígenas. Evo, le echó en cara a Víctor Hugo, algo que él no decidió y que además su padre realizó porque encontraba que esto lo liberaría de las presiones sociales y del marginamiento. ¿De dónde salió el apellido Morales? ¿Quién se lo cambió en la familia del actual presidente de los bolivianos?, nos preguntamos ante este gesto de dureza. El mandatario se mostró irascible y falto del más elemental sentido de respeto, al sacar a flote algo que forma parte de esa trama que se urde entre la historia social y familiar en medio de procesos difíciles y que deben ser parte del anecdotario, que deben entenderse como parte de las lastimaduras que ha generado el irrespeto a las diferencias y que no pude usarse como un arma para tratar de justificar el vandalismo y para tratar de herir y de bajar la moral a quien está sufriendo hoy un escarnio social desde dentro de su propia raza. Cada vez nos queda más claro que Evo Morales no es ningún Mandela, Ayer nos mostró que está lleno de rencores, cargado de recelos, de malicia, listo para juzgar y dispuesto a hacerle pagar el precio del oprobio a sus contendores, dispuesto a descargar el peso del poder que hoy detenta sobre aquellos que no le simpatizan, que se oponen a sus políticas extremistas y racistas y que no se le arrodillan.

 
 
 

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