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Igualingo que en los 80

Jul 9, 2009
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narcotrafico

Es triste pero es verdad. El pueblo boliviano está volviendo a vivir los trágicos momentos del Estado ‘narco-delincuencial’ que conocimos a comienzos de la década de los 80 del siglo pasado. Asesinatos, vendettas, ajustes de cuenta, sicarios, personas que aparecen como millonarios de la noche a la mañana, descomposición social, inseguridad ciudadana total, protección al delito, etc. Se suman a estos pesares de nuestra pobre patria la delincuencia imparable, el desempleo y la marginalidad; pobreza e incertidumbre social; demagogia e inviabilidad nacional; traición a la historia y a los aliados de siempre de la (ex) República; frivolidad, vulgaridad y cinismo político, saqueos al Estado nacional, etc., es decir, una suma de hechos que nos están llevando a caminar en la ‘orillita’ nomás del ‘despelote’ absoluto del país. Aquí nadie se está inventando nada. Los hechos saltan a la vista y son noticias cotidianas de la prensa local y nacional, aquella prensa imparcial que no responde a los intereses del Gobierno y sus aliados externos. No podemos taparnos los ojos con la venda de la indiferencia cómplice, pues nos ha tocado vivir en carne propia la acción impune de la delincuencia. Hoy hasta podríamos suponer que todo este escenario de ausencia del Estado nacional está digitado ex profeso por los perversos ‘teoriquitos’ de la división nacional, a fin de consolidar y justificar ese Estado de nuevas hegemonías cholas y corruptas. Bolivia está viviendo una etapa lamentable de su vida nacional. Aquí nadie está seguro ni en su propia casa: proliferan los robos en los domicilios y los atracos en calles céntricas y a plena luz del día. La Policía Nacional es incapaz de otorgar seguridad mínima a los ciudadanos, pues lo quieran o no reconocer, ésta ha sido ampliamente rebasada por el hampa y la delincuencia. Las repercusiones del narcotráfico en Bolivia se veían venir: no sólo es la pérdida de importantes mercados para la exportación de nuestros productos. Es también el cierre de fábricas, de fuentes de trabajo, el penoso éxodo de compatriotas a países vecinos en busca de un trabajo, es la descomposición moral de los valores de una sociedad. ¿Y éste es el nuevo Estado Plurinacional que nos promete eliminar los ‘pecados’ y los males del país? ¿Ésta es la revolución ‘democrática y cultural’ que dará seguridad y empleo a los más pobres?

Dejémonos de cuentos, este proceso de la ‘chicha y pichicata’ está hecho para consolidar el poder económico y político de una pequeña élite gobernante, y para estructurar una nueva clase dominante nacida, quién sabe, de qué oscuros recovecos del mundo del delito

 
 
 

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