Idiomas
Yo hablo todos los idiomas de la tierra y el agua, lo aprendí dialogando con las aves, el viento y el sol de una tibia mañana.
He conversado con los árboles de raíces y tiempo, he visto las palpitaciones del cielo y su lengua galáctica.
Alguna vez le pregunté a los corales qué se siente ser arrecife, guarida y lienzo submarino, qué se siente palpar el bamboleo del mar, su descomunal fuerza.
He vagado por los desiertos buscando la sabiduría del nopal y la cactáceas, la flor celeste del maguey y su enervante saliva.
Subí volcanes para dialogar con las nubes, recorrí salares donde convergen la tierra y el sueño.
Yo soy descendiente del maíz, hijo de la luna, caminante del cielo, guardián de la palabra, ese tesoro que guarda el secreto de la belleza del mundo.
Hace mucho tiempo que me refugio en la tierra del sueño para alejarme de los chacales y sus ganas de morder, esos vampiros chupasangre que marchitan el alma con su veneno.
Hace mucho tiempo que dejé de lamentarme, pues con polvo del camino entre mis pies, he aprendido que para conectarse con el todo hay que ofrendarle la vida a la muerte, que el amor lo puede todo y si no, lo inventa, que la única verdad posible consiste siempre en hablar la lengua del corazón. ::.

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