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Huele de noche tu cuerpo

Dec 15, 2012
1 min read

Huele de noche tu cuerpo

en tibia luz mortecina

que se apaga en el placer delincuente

de tu cuello

y se alarga haciendo surcos en la herida

con tus sueños desmembrados,

caricias en salmuera buscando a su exorcista.

Respiro a través de tu corola

que fosforece en la tiniebla, intempestiva,

aroma de un flagelo escarbando una fosa

en tu ombligo.

Discurro umbrío por esta fiebre

de tez malva

que me atormenta con el recuerdo de tu boca

cosida en mis costillas,

tácita muerte revelando los misterios

del alba,

hombres que son cascarones

buscando su propia madeja.

El silencio monocorde de la piedra

se abre cuando el amor se seca,

hematomas que se conjugan

en las palabras que no dijiste,

se derrama el tiempo estereofónico

en mis manos ansiosas que te acechan.

Tus ojos negros se dislocan cuando huyen

del asedio de mis ojos voraces

que anhelan

y se evaporan en mi rostro deformado

por el alcohol,

ebrio de ti, de tu dilatado sexo,

me invento una afrenta

para disfrutar mi venganza.

Nace un árbol del tintero,

implosión cobriza donde habitan

el desvelo, el extravío, el hambre,

la esperanza reducida a un aciago dolor

que va socavando mi capacidad

para el delirio y el perdón.

Hay un terremoto en la colmena,

milpas de humo,

pasos que zozobran en la inmensidad

de un desierto descapotable.

Sigo prendado a tu fotografía

y mi corazón convulsiona:

hinchados suspiros pueblan tu nombre

que resbala entre la vigilia y el sueño,

la eternidad y la sombra.

::.

 
 
 

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