HIJO: SOLO RESPIRA!!

Esta mañana mi hijo se levantó inusualmente alterado, imaginé por haberse trastornado su rutina y tener que ir a sus exámenes de laboratorio (ecografía abdominal). Pero su alteración era algo así como una inquietud que no le permitía siquiera desayunar. Caminaba de un lado a otro de la casa, saltaba, movía sus manos, verbalizaba ecolalias con más intensidad. Yo solo esperaba el momento en que su rabieta explotara.
Intenté tranquilizarlo, le pregunté cómo se sentía, pero en ese estado apenas si me escuchaba, estaba totalmente desconectado del entorno y paradójicamente sobrepasado por el mismo: Autismo en toda su dimensión.
Empezó a respirar rápidamente y lo único que pude hacer fue enfrentar la más fuerte rabieta de los últimos meses.
Gracias a Dios estábamos en casa y no en la clínica o ni siquiera estaría narrando esta historia.
Cuando su descontrol era total y empezaba a autolesionarse hice lo que siempre aconsejo NO HACER: Gritarle… tomar sus 1.80 de estatura y arrinconarlo contra un mueble tan enorme como él a riesgo de que su fuerza me ganara y yo terminara lastimada. ¿Qué le grité? ¡RESPIRA!!
Hace unos días alguien me escribía preguntándome cómo había logrado controlar el autismo y “llevarme tan bien” con la condición de mi hijo. Mi respuesta fue clara… aún no lo he logrado. Sigo aprendiendo y enfrentando tanto tormentas como disfrutando de días soleados.
Mi hijo todos los días enfrenta las manifestaciones del autismo que no le permiten las treguas que a veces necesitamos para tomar aire… respirar.
Con esto que hoy expreso en esta entrada intento mostrarles que como padres estamos siempre expuestos a que el autismo nos tome con la guardia baja. Nos sentimos terriblemente impotentes al no poder evitar ese mal momento de un chico incapaz de decir lo que siente.
Con frecuencia pienso cuántos padres justo en ese momento estarán pasando por lo mismo que paso con mi hijo y … me siento mejor, ya no tan sola en estas batallas de las cuales perdemos su real proporción.
¿Cómo terminó todo?
Sebastián me miró con sus ojos angustiados escondidos entre su pelo mojado por el sudor y me repitió RESPIRAR! Y empezó a tomar aire como le enseñé desde sus dos añitos cuando era más fácil sobrellevar una rabieta.
A lo largo del día ha seguido inquieto pero menos alterado.
Y le sigo repitiendo para que no lo olvide y con voz susurrante… RESPIRA!
Cierro con este vídeo precioso…

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