¿Hacia dónde nos encaminamos?
Por Manfredo Kempff Suárez
El editorial de La Razón de ayer hace reflexionar desde el momento en que se pregunta qué es lo que quiere el Gobierno; cuáles son sus intenciones y los medios para cumplirlas; cómo hacer una revolución en democracia; y el papel que juegan las etnias en el cambio anunciado.
Ciertamente, como se ven las cosas, estamos camino del abismo de manera irrefrenable. Si el MAS significa “movimiento al socialismo”, debemos hacernos a la idea de que el Gobierno busca esa meta, pero he ahí que existe una confusión que también advierte el referido editorial de La Razón: ¿vamos hacia el socialismo o hacia un manifiesto y desordenado populismo? Porque hay que hacer notar que Evo Morales sigue fielmente los pasos de Hugo Chávez y que éste, el déspota venezolano, habla de un socialismo del siglo XXI, que no es otra cosa que el más desgraciado de los populismos.
Esa es, al parecer, la vía que va tomando el gobierno del MAS, sus solapados aliados del MBL, y sobre todo, sus milicias que actúan torpemente bajo la denominación engañosa de “movimientos sociales”. ¿Qué tipo de socialismo se percibe en el país? ¿Las nacionalizaciones tal vez? ¿La toma de tierras o el avasallamiento de propiedades privadas de los adversarios políticos? ¿Redimir a las etnias aymara y quechua, además de los pueblos abandonados del oriente? ¿Decirles a los indígenas que el país es suyo y que, por tanto, tienen que reclamarlo como tal atacando a los no “originarios”?
Eso no es socialismo, ni mucho menos. Aquí en Bolivia lo que se está imponiendo, día a día, es una dictadura racial. Eso sí que es algo palpable. Eso está descaradamente contemplado en la nueva Constitución. Los movimientos “originarios” son el núcleo de esta “revolución en democracia”, donde no se perciben las libertades democráticas, por una razón: porque al Gobierno, empezando por S.E. y siguiendo por el Vice hasta el último peón, están decididos a imponer sus criterios fácticos como ya lo han anunciado: a las buenas y a las malas.
Y, lamentablemente, va a tener que ser a las malas. Porque a las buenas nadie se va a dejar arrebatar su patrimonio ni aguantar mucho tiempo más los inconcebibles abusos que estamos viendo y lo que vienen anunciando aquellas “ladillas de la revolución”, que son las que se envalentonan ante la ausencia de autoridad y se convierten en “el” poder. Son los que hacen fechorías, como el último asalto a la casa y atropello a la familia del ex vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas. Cosas como esa las veremos con mayor frecuencia. Lo que sí debe tener en cuenta el MAS y sus seguidores es que ante la ausencia de autoridad o ante su inconcebible permisividad, la gente se va a defender por su propia cuenta. De ahí a la “ley de la selva” no hay ni un paso más que dar.
La Constitución será culpable de muchas de las desgracias que nos sucedan a futuro. Que no se crea que por plantar una wiphala en una propiedad privada, eso pasará a las comunidades o a los asaltantes que actúan bajo el nombre de “sin tierra” o “sin techo”. Además, la wiphala en el oriente boliviano no tiene la menor representación y por lo tanto no es credencial para justificar despojos. Decía hace pocos días algún colega columnista que, por ejemplo, en Santa Cruz, sólo se reconoce como símbolo patrio a la bandera nacional y la departamental. El escudo de armas, por cierto que también. Pero ese estandarte similar al de los gay, no.
Este camino al socialismo que pretenden algunos politiquillos resfriados —pendejetes además— no nos llevará sino a mayores descalabros de los ya sucedidos. Acabaremos el 2009 con la caca hasta el cuello, porque todo se hace mal, la corruptela es mayor que nunca, y porque hemos dejado escapar gran parte de nuestro futuro económico en chabacanerías estúpidas, que han concluido con desfiles militares y cantos del himno nacional. En cuanto se entona el himno nacional en el Palacio o el Congreso, hay que echarse a temblar, porque algún disparate mayúsculo se ha aprobado. En esas estamos al comienzo del tercer año de gobierno masista.
*Manfredo Kempff S. es escritor y diplomático.

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