Goni 63, Evo 52
Por: Ruddy Orellana V.
Si antes se decía que los Estados Unidos ponían la plata y Bolivia los muertos, hoy, esa máxima sufrió una pequeña variación y tiene a otro actor en escena; Chávez pone la plata y Evo los muertos.
Y ya van 52 en la chuspa de Evo Morales que la historia juzgará en su momento.
¿Cuántas vidas más se requieren para que la tozudez e inflexibilidad del gobierno de Evo aprenda a ejercer el diálogo y el consenso como métodos insoslayables para solucionar los conflictos?
¿Hasta qué aciagos y oscuros hechos se pretende conducir a mi ya malogrado y enlutado país?
¿Logrará empatar este gobierno la marca de su contrincante Goni Sánchez de Lozada?
En términos Morales, ¿qué le puede reclamar Evo a Goni? ¿Con qué valor ético podría decir que Sánchez de Lozada es un genocida? ¿Prosperarán en algún momento los trámites para su tan mentada extradición que, entre otras cosas, no es más que un peloteo entre los colaboradores de Evo, incluyendo al embajador hippy en los Estados Unidos?
¡Pamplinas! A estas alturas del partido, Goni debe estar obeso de tanto comer hamburguesas, palomitas de maíz y reírse a carcajadas mirando por la televisión cómo Evo Morales y su grey de ineptos han convertido a Bolivia en una gigantesca torre de Babel.
Goni 63, Evo 52. Entre ambas marcas suman 115 muertos que en algún instante la historia les hará llegar la factura. Por el momento, ambas coyunturas, desde mi punto de vista, están unidas por una común desgracia; un verdadero empate cuantitativo y cualitativo en el escenario social y político; el primero, esencialmente caótico. Múltiples frentes de conflicto que desencadenaron y desencadenan en una total desobediencia a las leyes de este país, como consecuencia, en el caso del gonismo, de una falta de transparencia gubernamental hacia el pueblo y una extrema soberbia reflejada en la constante negativa a ceder en instancias políticas y sociales. Corolario, Goni, como presidente, fue un perfecto aprendiz de Mesías que creía que por tener asesores estadounidenses y un “hombre fuerte” como escudos podía gobernar de espaldas a los bolivianos.
En el evismo, producto de una aguda ineptitud, casi delirante, para poder asumir los conflictos y resolverlos.
Una disolución escandalosa del incumplimiento a las leyes, rubricada y oleada por el mismísimo Evo. Ese “Yo le meto nomás”, firma y reafirma la cúspide y la magnitud de las actitudes ilegales que cometió y viene cometiendo este gobierno, demostrando claramente la apología de una coyuntura plagada de inconstitucionalidades, mentiras e incoherencias.
Un desgobierno total, donde ya no se tiene certeza de algo y donde las leyes son de los que las aplican a su antojo.
La pérdida de la institucionalidad democrática y los enfrentamientos constantes, son la esencia suprema de una aguda crisis que paulatinamente nos está enterrando hasta asfixiarnos.
Corolario. Evo, como Presidente, es un perfecto dirigente cocalero.
¿Cómo es posible pensar en que algún día Goni sea extraditado a Bolivia, si hoy por hoy, bajo la ya tristemente celebre frase de Evo: “Yo le meto nomás” se ha legitimado por completo las acciones ilegítimas de esta coyuntura?
¿Qué garantías jurídicas, políticas y democráticas se le puede brindar a Sánchez de Lozada, si hasta el momento Evo y el MAS han hecho lo que se les ha cantado las guindas en los temas señalados?
La aguda crisis que vive actualmente Bolivia parece no tener parangón, los frentes de conflicto están logrando cercar a un gobierno soberbio e indolente que responde con una posición totalmente ambigua; seudo diálogo, versus represión y fuerza.
¿Qué por qué Evo Morales jamás va a poder solucionar los conflictos, utilizando la verdadera voluntad de diálogo, la concertación y la posibilidad de ceder a las presiones como elementos articuladores? Sencillo, porque justamente gracias a estrategias totalmente contrarias a las señaladas, hoy es Presidente de Bolivia. Entonces, en su lógica, no cabe como resultado final la resolución de conflictos a través del pacto social y político. Evo jamás hizo acuerdos ni cogobiernos. Siempre se situó al frente de las coyunturas, sin compromisos políticos y con la absoluta libertad y certeza de poder joder a la oposición y, por ende, al país.
Desde mi perspectiva, Evo Morales, en la práctica, aún no acaba de asumir por completo su verdadera investidura como Presidente de la República. Pretende gobernar el país con el discurso y la práctica de un sindicalista que le permitió trepar y obtener resultados “influyentes”. Lo peor de todo, es que lo está logrando a las patadas, amedrentando a diestra y siniestra y cometiendo exabruptos imperdonables.
Goni y Evo, las dos caras de la medalla de una Bolivia lacerada por la muerte y el dolor. Una Bolivia que, por el momento, ya no aspira siquiera a vislumbrar crecimientos económicos importantes, no porque haya renunciado a éstos, sino, porque ahora las urgencias son otras; pacificar el país y darle un rumbo conciliador. Anhelos que solo se lograrán con una verdadera y profunda voluntad política apegada totalmente a la ley y a la democracia que, estoy seguro, Evo Morales no la posee.

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