top of page

Ganar debates (sea como sea)

Oct 20, 2020
4 min read

Hemos estado viendo estos días el tema de la sofística para entender la filosofía de Sócrates y Platón, y para comprender la crisis de la democracia.

Consejos para ganar un debate

Algo de lo que se acusaba a los sofistas es de despreocuparse de la verdad, estando solamente interesados en ganar los debates (al modo de los abogados que son perfectamente capaces de defender una cosa y la contraria). Vamos a ver algunas de las estrategias que a veces se utilizan para ganar debates. Así, si alguna vez participas o presencias un debate puedes estar atento a ellas y defenderte de su embrujo… o tal vez usarlas en tu beneficio.

En primer lugar, puede ser interesante que le eches un vistazo al tema que ya vimos sobre las falacias. Un discurso sofístico no suele andar escaso de falacias.

Estos son algunos de los recursos sofísticos que se utilizan para ganar un debate:

ETIQUETAR. Reducir algo a una etiqueta puede ser una forma burda de presentar una discusión, pero es tremendamente efectiva. Podemos catalogar la posición de nuestro oponente como machista, populista, comunista, fascista… Hay infinidad de etiquetas a nuestro servicio, y con ellas reducimos cualquier sofisticación del discurso de nuestro oponente a algo que ya conocemos y que, básicamente, ya sabemos todos que es una mierda. Si quieres ser un buen sofista, no te cortes con las etiquetas.

DESVIAR. Cuando la discusión no vaya según nuestros intereses, podemos cambiar el curso sacando un tema nuevo, impidiendo por todas las maneras que el oponente continúe en el asunto en el que parece que lleva ventaja. Para ello igual tienes que interrumpir a tu oponente o ignorarlo por completo. Una buena manera de hacerlo es con alguna observación que lo saque de sus casillas. Aprende a desviar.

Paradón de Casillas a cabezazo de Barral

PARTICULARIZAR. A la gente le encantan las historias particulares, que comprende mucho mejor que los datos y los argumentos, de modo que una historia que ilustre tu punto de vista es un recurso extraordinario, si lo haces bien. Da igual que esa historia sea inusual o falsa. Trata de mover las emociones de tu auditorio con una anécdota que provoque risa, o una historia que conmueva, y tendrás ganada gran parte de la discusión.

IDENTIFICAR EL INTERÉS DEL AUDITORIO. Este es uno de los puntos principales, si no el que más. Un buen sofista es consciente de que es imposible que una persona convenza con argumentos a una masa de gente. Más bien lo que puede hacer es presentarles el tema de modo que se alinee al máximo con lo que ya piensan. Debes conocer qué le importa y qué es valioso para la gente que te escucha o que te juzga y tratar de mover su voluntad hacia la dirección que te conviene sin que se den cuenta. Si por ejemplo estás hablando a un auditorio conservador sobre inmigración es bastante inútil hablarles de justicia social o derechos. Es mucho mejor contarles la historia de un chico de padres inmigrantes que se convierte en un héroe militar. Trata de alinearte con los valores de tu auditorio, de modo que puedas llevar su ascua a tu sardina.

ENFATIZAR. Por razones evidentes, la gente conecta mucho con un orador que es capaz de transmitir una emoción, independientemente de sus argumentos. A veces los argumentos, de hecho, no son poderosos, pero lo que caracteriza a los grandes oradores es que son capaces de saltar sobre esto transmitiendo emociones potentes. Identifica la emoción sobre la que vas a trabajar (ira, risa, orgullo, enfado, envidia… ) y trata de explotarla al máximo.

CONFUNDIR. Una de las cosas que siempre se pueden intentar en un debate es hacer el máximo de ruido. Como dice este rotundo adagio.

If You Can't Convince Them Confuse Them" iPad Case & Skin by anikogajdocsi  | Redbubble

Si no puedes convencerlos, confúndelos.

Es lo que a veces se llama Defensa Chewbacca, basándose en esta escena de South Park.

Hablar sobre un montón de cosas sin sentido, elevar la voz, encadenar conceptos difíciles de entender o directamente absurdos, debatir cosas que no tengan la menor importancia o que no tengan relación con lo que se discute, intentando transmitir que son trascendentales, son argucias que entran dentro de esta ceremonia de confusión.

MENTIR. Directamente, sin darle muchas vueltas.

Parece que fue Goebbels, el famoso propagandista de los nazis, el que dijo eso de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Desgraciadamente, la ciencia parece que tiene que darle la razón. Las personas no somos dadas a pensar mucho, de modo que cuando una idea nos es familiar no distinguimos demasiado si es cierta o falsa. Es lo que se llama sesgo de familiaridad.

Mentir tiene ventajas. En primer lugar, la mayor es que puede que tu auditorio se lo trague. También puede que tu oponente se salga de sus casillas ante tus mentiras, lo que es muy bueno para tus intereses, porque las personas que pierden la calma cometen errores y dan muy mala imagen. En tercer lugar, mintiendo consigues que se hable de lo que tú quieres, en lugar de que se hable de lo que quiere tu oponente y fijar el marco de la discusión, lo que es una de las cosas mas importantes. En cuarto lugar, si mientes muchísimo, a la gente directamente no le dará tiempo a desactivar tus mentiras y denunciarlas.

Finalmente, como suele pasar, cuando tu oponente te acuse de que mientes siempre podrás responder lo típico; que el que miente es él.

 
 
 

Comments


bottom of page