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FRENA y el fascismo en México: una epidemia de odio a la alza

Sep 21, 2020
8 min read

Si hace un par de años me hubieran dicho que varios de mis familiares y amigos se iban a adherir a ideologías políticas tan próximas al nazismo, no lo hubiera creído. Pero pasan los días, y me entero de conocidos, gente buena, que simpatizan con movimientos de ultraderecha como FRENA. ¿Sí sabrán esos conocidos que ese movimiento comparte las ideas base del nazismo, fascismo y franquismo? ¿Cómo puede envenenarse alguien a tal grado de simpatizar con las ideas de Hitler, Mussolini y Franco en pleno siglo XXI?

En los últimos años, la diáspora fascista se ha expandido por el mundo. En EE.UU. se evidenció con la llegada de Donald Trump a la presidencia. En Brasil pasó lo mismo con Jair Bolsonaro. En Bolivia estos grupos fascistas dieron el golpe contra Evo Morales. En Europa, la espora del fascismo va a la alza. En España está Vox. En Alemania PGIDA. Países como Hungría llevan años con gobiernos de ultraderecha. La designación de Boris Johnson y el Brexit en Reino Unido van en un sentido similar, aunque en una escala menor.

La ideología del fascismo y sus muchas variantes tienen una misma raíz común: todas estas expresiones son un nacionalismo de derecha, promotoras a ultranza de la propiedad privada, el conservadurismo religioso, la xenofobia, el racismo, el clasismo y los discursos de odio contra los pobres y los “comunistas”.

El movimiento FRENA, impulsado por el psicótico y esquizofrénico empresario regiomontano Gilberto Lozano, tiene muchos rasgos del franquismo español y el fascismo italiano. No en balde, sus adeptos exigen la renuncia de López Obrador al grito de “Dios, patria y libertad”, un lema prácticamente idéntico al usado por los golpistas bolivianos y el “Viva Cristo Rey” que coreaban los grupos falangistas que sostuvieron la sangrienta dictadura de Francisco Franco en España. FRENA, además, va adquiriendo cada vez más similitudes con los grupos de choque utilizados por el fascismo, como los camisas negras de Mussolini. Grupos que han proliferado en Bolivia y Brasil en épocas recientes, y en EE.UU. con el resurgimiento del KuKuxKlan, de la mano de Trump.

El fascismo ha causado estragos por donde ha pasado. Ocurrió también en el Chile de Pinochet, en la Argentina de Videla, las crueles dictaduras latinoamericanas impuestas con ayuda de la CIA tras el derrocamiento de gobiernos calificados como “populistas” por el imperialismo estadounidense.

Tal parece que los de FRENA buscan precisamente eso: emular las grandes hazañas de aquellos tiranos.

El vocero del Frente Nacional AntiAMLO, Gilberto Lozano, dijo que no se irán de Avenida Juárez hasta que los dejen pasar al Zócalo y advirtió que contingentes de otros estados están en camino para reforzar movimiento. 🎥 Jorge Ricardo pic.twitter.com/NFsK2Rg1qc

— REFORMA Nacional (@reformanacional)

#FelizDomingo menos a quien no FRENA el odio, las mentiras y su ambición desmedida por los privilegios.#VIDEO Así se ve el odio que han sembrado un puñado abajofirmantes y algunos oligarcas que se sienten dueños de México. pic.twitter.com/AgMo0GUCqJ

— Horacio Duarte Olivares (@horacioduarteo)

El clasismo insultante que se ha adueñado de las discusiones de política entre las familias mexicanas, tiene este componente claramente fascista. En México, los grupos de ultraderecha no son nuevos. Muchos de ellos fueron los que crearon el PAN, a raíz de la Guerra Cristera, donde los grupos ultraconservadores lucharon contra el régimen del nacionalismo revolucionario para preservar los privilegios de la Iglesia Católica en el Bajío y el Occidente del país. De ahí provienen grupos de ultraderecha como el Yunque, los Tecos, los Legionarios de Cristo y el Opus Dei, todos ellos, con claros vínculos ideológicos con el fascismo, al más puro estilo de Franco. Por ello, no es casualidad que FRENA sea una organización desprendida del PAN. El mismo Felipe Calderón tuvo rasgos abiertamente fascistas a lo largo de su gestión, lo mismo que los grupos antiabortistas que se hacen llamar ProVida. Todos ellos son ramas que provienen del mismo tronco ideológico fascista.

Por eso me impacta enterarme que gente cercana, que aprecio y estimo, apoye ideologías tan próximas al nazismo. Su fobia contra los “comunistas” es equiparable a la que padecía Hitler y lo hizo perder la Segunda Guerra Mundial, al decidir invadir la URSS y dividirse en dos frentes, cegado por el odio.

Lo preocupante, es que sea tan común escuchar a estos simpatizantes del fascismo exigir con vehemencia psicótica “la renuncia del comunista López Obrador”. ¿Sabrán que el comunismo como ideología se basa, a grandes rasgos, en la abolición de la propiedad privada? ¿En qué momento decidieron que un presidente que promueve tratados de libre comercio con EE.UU. puede ser considerado comunista? ¿Alguien ha escuchado a López Obrador arremeter contra la propiedad privada? ¡El tipo es un liberal clásico, con rasgos conservadores en lo religioso, pero nunca ha estado siquiera cerca de proponer límites a la propiedad privada! Lo paradójico, es que los grupos de izquierda le reprochan todo lo contrario a López Obrador, es decir, que promueva el libre mercado como parte de su política económica.

Yo, por mi parte, ubico a AMLO en el espectro político de la centroizquierda. Promueve una izquierda reformista, demasiado moderada, para mi gusto. Es un gobierno de centro, movido hacia la izquierda.

En síntesis, lo que dicen los adherentes de FRENA no tiene ningún sentido, y es digno de una visita al psiquiatra. Tampoco es que tengan un proyecto político claro, más allá del odio que sienten contra López Obrador. Lo único que podría enmarcarse dentro de un proyecto ideológico, son sus afinidades al nacionalismo de derechas propio del fascismo.

En ningún lado del mundo, las ideologías fascistas han dejado resultados positivos para las sociedades que las han padecido. Por el contrario, representan uno de los capítulos más oscuros del siglo XX.

La proliferación del fascismo es consecuencia del fracaso del proyecto neoliberal y su afán globalizador. Es largo de explicar, pero básicamente, las políticas de ‘libre mercado’ provocaron la destrucción de varios Estados pobres, detonando un éxodo masivo de migrantes hacia los países ricos, rompiendo así la homogeneidad cultural que sostenía a los Estados-nación. De ahí la evidente xenofobia de los fachos hacia los migrantes pobres provenientes del extranjero, y que, según los ideólogos de la ultraderecha, vienen a quitarle el trabajo a los ciudadanos del país que llegan.

En México vimos claramente ese tipo de expresiones xenófobas durante la llegada de las caravanas migrantes provenientes de Centroamérica (Honduras, Guatemala y El Salvador) con rumbo a EE.UU. Las oleadas masivas de migrantes centroamericanos son consecuencia de la violencia y la pobreza imperante en sus respectivos países. La destrucción de los Estados del norte de Centroamérica se explica en buena medida, por las políticas imperialistas de EE.UU., país que ha promovido golpes y dictaduras militares en dichos países durante los últimos 40 años. No en balde, la migración actual de hondureños es consecuencia del golpe de 2009, orquestado por Hillary Clinton, secretaria de Estado de la administración Obama, tal como reconoció en su libro ‘Decisiones difíciles’ de 2014, en el cual relata la manera en que EE.UU. intervino en el proceso político interno en Honduras que derivó en el derrocamiento de Manuel Zelaya y dio pie a una dictadura de corte militarista que ha devastado aún más al país. Algo muy parecido a lo que está ocurriendo actualmente en Colombia, con el gobierno fasistoide de Iván Duque.

Por supuesto, los simpatizantes de FRENA ignoran estas cosas, que rara vez aparecen en los grandes medios de comunicación, que en todo América Latina son controlados por grupos de derecha. El grado de enajenación al que están expuestas muchas personas, y la avidez con que son promovidos los discursos de miedo dirigidos a las clases medias -que se sienten amenazados sus privilegios de clase ante los gobiernos populares que promueven un reparto más equitativo de riqueza y una prioridad a los sectores más pobres- explica el grado de paranoia colectiva en que nos encontramos actualmente.

Los grupos de ultraderecha, apoyados por los medios de comunicación, han tenido cierto éxito en promover un terror desmesurado entre sectores acomodados, lo cual explica el odio irracional de ciertos grupos contra gobiernos “populistas” como el de López Obrador.

No existen garantías de que la 4T tenga éxito en su proyecto transformador. De hecho, tiene muchos problemas para lograrlo, tanto internos como externos. Pero no deja de sorprenderme que, lejos de construir una oposición seria y propositiva que le urge a México, los ideólogos del derrotado régimen neoliberal se han dedicado a exacerbar el repudio a AMLO antes de emprender un proceso de autocrítica que les permita construir una alternativa viable ante la 4T. Lejos de eso, los liderazgos mediocres de la derecha se han topado con pared, ante un presidente testarudo que tampoco ha generado condiciones para construir una tregua por el bien del país. Y al mismo tiempo, sería absurdo que López Obrador permanezca silente ante el continuo ataque mediático promovido y exacerbado por sus adversarios. Lo cierto es que, contrario a la idea que predomina en los medios de comunicación hegemónicos, afínes a la derecha y el capital financiero trasnacional, López Obrador no es el único responsable de la polarización del país. Siendo sensatos, yo diría que la polarización del país es responsabilidad compartida a partes iguales entre los dos bandos en disputa, el presidente y sus simpatizantes por un lado, frente a los políticos neoliberales y sus simpatizantes por el otro.

Este enfrentamiento no es nuevo, pero el cambio de régimen político que vivió México en 2018 hizo más evidente esta división que se ha venido gestando en el país desde principios del siglo XXI, y cuyo principal responsable tiene nombre y apellido, Vicente Fox Quesada, cuya irresponsabilidad y la manera en que usó los aparatos del Estado para intervenir en la elección presidencial de 2006, generó una reacción en cadena de sucesos que explican los altos niveles de violencia y presiones financieras que padecemos hoy. A partir de 2006, el país desperdició la oportunidad que ofrecía la incipiente alternancia, para entrar en un proceso de degradación en todas las instituciones del Estado mexicano (los partidos, la presidencia, el poder legislativo, los órganos electorales, los aparatos de justicia, los gobernadores), lo cual provocó que se la violencia y la corrupción alcanzaran niveles récord durante los sexenios de Felipe Calderón y Peña Nieto.

Esa coyuntura histórica, provocó una oleada masiva a favor de López Obrador, a pesar de las resistencias que hasta la fecha manifiestan los remanentes del viejo régimen, que todavía controlan sectores importantes en la regulación del poder político, como claramente ocurre con las cúpulas empresariales y los dueños de los grandes medios, antagonistas de la 4T.

Todo esto explica el crecimiento del fascismo en México. Algo que me pone triste.

Parte de mi travesía por la India, la dediqué a tratar de encontrar respuestas sobre cómo lidiar con estas cosas. Me duele ver que personas queridas se conviertan poco a poco en fachos consumados, lo cual genera rencores y pleitos innecesarios. Entiendo por qué ocurren estas cosas, pero es frustrante no poder hacer algo al respecto para evitarlo.

Algunas demoledoras respuestas las encontré en el consejo que da lord Krishna al Príncipe Arjuna, quien se ve obligado a participar contra su voluntad en una guerra contra sus familiares, envenenados por el odio. Las palabras de Krishna, en su célebre Bhagavad-Gita, detonaron en mí una profunda reflexión.

Las grandes verdades de la existencia humana son difíciles de digerir. Nada de lo que haga o diga, hará cambiar de opinión a quienes se han dejado envenenar por las mentiras que inundan los medios. Es muy triste. Sólo les deseo, de todo corazón, que algún día puedan darse cuenta del gran daño que se están haciendo a ellos mismos.

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