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Flores de la Montaña, activismo artístico contra la trata de menores.

Mar 1, 2019
6 min read
Por: Miguel Angel Aguilar Arreola (TereMike)

Uno de los postulados de el manifiesto que Roberto Jacoby (1944) presentó en la exposición colectiva Experiencias 68 en el Instituto Di Tella de Buenos Aires, decía: “el futuro del arte se liga no a la creación de obras sino a la definición de nuevos conceptos de vida, y el artista se convierte en el propagandista de estos conceptos”. Palabras que condensan la acción revolucionaria del arte a partir de que este es entendido como una pieza clave para la reflexión social, incitando a cambios políticos y culturales.

Llamamos “activismo artístico” a aquellos modos de producción estética y de relacionalidad que anteponen la acción social a la tradicional exigencia de autonomía del arte. Es decir, que frente a “el arte por el arte”, está la intencionalidad política o social. Por lo general, este tipo de producción se da fuera de las instituciones artístico – culturales establecidas, como el museo o la galería, y se vuelcan a los espacios públicos trabajando directamente con los grupos sociales a los cuales se les quiere mandar el mensaje, utilizando soportes o materiales alejados de la tradición artística. Ejemplo de ello es el comic: “Flores de la montaña”, el cual tiene como objetivo hacer conciencia de la trata de mujeres y niñas dentro de algunas comunidades indígenas de México.

La trata de personas se presenta cuando una persona promueve, solicita, ofrece, facilita, consigue, traslada, entrega o recibe, para sí o para un tercero, a una persona, por medio de la violencia física o moral, el engaño o el abuso de poder, para someterla a explotación sexual, trabajos o servicios forzados, esclavitud o prácticas análogas a la esclavitud, servidumbre, o a la extirpación de un órgano, tejido o sus componentes.[1]

La trata de personas es un fenómeno muy antiguo. Desde hace siglos un gran numero de personas han sido separadas de sus lugares de origen y comerciadas como mano de obra, servidumbre y/o como objetos sexuales. Sin embargo, La trata de personas como problema social comenzó a reconocerse a finales del siglo XIX y principios del XX denominadose como “trata de blancas”. El fenómeno de la trata alcanzó niveles tan altos que impulsó la creación de diversos tratados dentro de las Naciones Unidas, por ejemplo el Convenio para la Represión de la Trata de Personas y la Explotación de la Prostitución (1949). En la actualidad, el problema de la trata de personas es mundial y se estima que cobra unas 800,000 víctimas por año.

La explotación sexual comercial es la forma de trata de personas más frecuente en todo el mundo (79%) y la más registrada. Le sigue el trabajo forzado (18%), en la cual se encuentra la servidumbre domestica, y (3%) el matrimonio forzado, que en algunas naciones es una costumbre legal.

Para Lydia Cacho los factores de riesgo para que una persona sea victima de trata son: la pobreza y pobreza extrema, el tipo de educación sexual recibida, la falta de oportunidades de educación y empleo, la promoción de la prostitución dentro del ámbito familiar o social, el traslado de mujeres y niñas procedentes de países subdesarrollados a países desarrollados, las adicciones, aislamiento y discriminación o haber sufrido abuso sexual o maltrato en la infancia.[2]

México es uno de los países con mayor índice de esclavitud sexual en América Latina, según datos de organizaciones civiles internacionales. Sin embargo, no será hasta el año 2002 que la trata de personas empezó a ser un tema de importancia en el país. Gracias al hecho ocurrido en Cancún, Quintana Roo, que puso de manifiesto una red de complicidades entre empresarios hoteleros y funcionarios públicos sobre una red internacional de pornografía infantil y crimen organizado, el famoso caso de los amigos del “Gober precioso”.

Según cifras del DIF dos niños son abusados cada hora y en la actualidad cerca de 16,000 infantes (mayormente niñas) están involucrados en trabajos sexuales, mientras que cifras de ONG´s nos reportan que son alrededor de 70,000. Otras cifras alarmantes indican que en 21 de las 32 entidades del país existe turismo sexual y que tan sólo en 2004, trece mil niñas mexicanas fueron explotadas sexualmente por connacionales. Según el Informe sobre Trata de personas 2012 del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, en los últimos años México se convirtió en uno de los principales países exportadores de esclavas sexuales en el mundo, junto con Filipinas, Tailandia, Guatemala, Honduras e India.

Muchas de las víctimas son secuestradas en comunidades indígenas en las montañas del sur del país, y es que en muchas de estas comunidades, aun prevalece la costumbre de vender a las hijas. La mayoría de las víctimas son adolescentes a quienes sus familiares venden o entregan como trabajadoras domésticas, a familias de las ciudades cercanas, pero muchas veces estas terminan cayendo en las redes de la explotación sexual.

Uno de los sitios donde estas niñas terminan, es el Barrio de la Merced en el centro de la Ciudad de México, conocido por el alto índice de reportes de esclavitud sexual. Lugar donde hace ya 20 años trabaja la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez” A.C. organización civil, integrada por trabajadoras sexuales, sobrevivientes de trata de personas y personas solidarias. Esta asociación se ha especializado en la defensa de los derechos humanos, civiles y laborales de las trabajadoras sexuales, así como en la prevención del VIH/SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual.

Inició su trabajo en 1995, en el barrio de La Merced, como ya habíamos dicho, y desde ahí ha llevado su plataforma de acción a otros puntos de la República Mexicana promoviendo la movilización comunitaria ante la trata de personas y la explotación sexual, utilizando diferente materiales didácticos entre los cuales se encuentran: historietas educativas, notas informativas y audio cuentos, dirigidos todos a sectores populares.

Una de estas historietas educativas es: “Flores de la Montaña”, la cual se distribuye entre las comunidades indígenas de Guerrero. Un modo lúdico de hacer conciencia entre esta población, deseando advertir a las posibles víctimas de trata y sus familias del riesgo en que se encuentran, esto a través de un lenguaje sencillo que puedan entender.

La estética de la historieta, alimentada de la cultura popular, recuerda el modo en que está hecho el “Libro Vaquero”, muchachas voluptuosas, énfasis en los gestos para expresar sentimientos y el colorido son solo algunas de las estrategias para hacerse cercana, queriendo crear mayor impacto entre los lectores. Los relatos que aparecen en el cómic ilustran el maltrato que sufren las víctimas de las redes de trata y esclavitud laboral, en muchos casos, los textos del cómic se escribieron a partir de historias reales, contadas por sobrevivientes.

“Flores de la montaña” es el ejemplo claro de cómo un lenguaje artístico hace más accesible un problema social, ante el cual muchos prefieren cerrar los ojos. Este comic no solo nos presenta el problema, si no que denuncia la falta de interés por parte de las autoridades y la violencia sistematizada dentro de una sociedad que ve en su mujeres y niñas simples objetos intercambiables, del mismo modo advierte y busca educar a las comunidades sobre los peligros a los que se enfrentan de seguir manteniendo algunos usos y costumbres.

Si bien un comic les parecerán insulso a algunos, la realidad es que es un medio formidable dentro de una sociedad que tiene lo básico, y a veces ni eso, de letras. Un medio que provoca no solo la lectura en voz alta y entre familiares y amigos, si no que estimula la plática y el debate respecto al tema. La Brigada Callejera, con este tipo de materiales nos cuestiona como sociedad, sobre la importancia que le damos a este tema de la trata y cuales son nuestras acciones para combatirla, a quienes educamos para prevenirla y cómo lo hacemos.

Desde el punto de vista artístico, es necesario hacer una revisión de lo que se aprende en las academias y escuelas de arte, abrir el panorama a estos creadores en potencia y alentarlos para crear obra con contenido social, que pueda llegar a mas gente y así enfrentar de una manera crítica problemas tan dolorosos como lo es la trata de infantes. Del mismo modo, hago un llamamiento a las instituciones de arte para que se abran los espacios para el debate sobre este tipo de situaciones sociales, con charlas y con exposiciones que cuenten con una museografía clara, que pueda ayudar a comprender el problema y motivar la participación ciudadana para su solución.

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[1] Cfr. artículo 5 de la Ley Para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas. Disponible en: http://info4.juridicas.unam.mx/ijure/ tcfed/231.htm?s= Noviembre de 2011).

[2] Cacho, Lidia, Esclavas del poder: Un viaje al Corazón de mujeres y niñas en el mundo, Grijalvo, México, 2010, p. 308.

 
 
 

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