Feliz
Mi cuerpo, todavía de animal herido, te busca con insistencia en la locura de este mundo salvaje.
El clima, como las personas, es consecuencia de tantas cosas que apenas se pueden medir.
No todos andamos en busca de respuestas fáciles.
Quizá porque aprender a distinguir el bien y el mal es una de las cosas más difíciles que hay en el mundo.
Y a veces aprender eso es la única lección importante que hay que aprender para vivir feliz teniendo poco, apenas lo necesario para sonreírle a los desconocidos que se cruzan con nosotros por la calle.
La felicidad sabe a mangos, es una zambullida en un río de agua fría en el sofocante calor del verano, es la calma que acaricia la hierba una tarde soleada, una canción en la guitarra, jugar a las escondidas con las sobrinas, es una película en el cine, sentirse conmovido con un buen libro, beber cerveza con los amigos y reír a carcajadas nomás porque sí, es andar en bicicleta y subir la montaña, silbar debajo del paraguas y sentarse sobre la arena a contemplar cómo se mecen las olas y los pensamientos en la infatigable inmensidad del mar.
Ser feliz es dar vueltas como bailando sobre la superficie del mundo es sobrevolar la carroñera miseria de la ambición humana, una cantimplora en el estiaje de la soledad, la luna llena palpitando en la humedad del aire. ::.

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