FARSA DEMOCRATICA

por Manfredo Kempff
Este es un país de farsantes y de simuladores en todo sentido. Además que de cojudos, como escribí hace algunos años en esta misma columna. Aquí no se salva nadie(s). Hacemos actos académicos, marchas, y explosiones de cohetes y de dinamitas en cada aniversario del retorno a la democracia y lo cierto es que verdaderos demócratas son poquísimos. Conste que digo “son” y no “somos” para que el perraje zurdo no se lance sobre mis garrones queriendo dejarme tullido.
Pero, al final, somos unos farsantes y unos fariseos. Demócratas cuando nos conviene. ¡Si Evo Morales es la democracia rediviva! ¡El peor enemigo de la democracia habla y gobierna en su nombre! Y es aplaudido por otros demócratas del continente, ignorantes, profanos o cómplices. Porque esos nunca supieron de las andanzas deleznables de S.E., antes que la farsa democrática lo elevara a las cumbres olímpicas de la civilidad. Hoy se desenvuelve sonriente, entre gente que le cree y se sensibiliza con la mentira del “primer indio” que ha llegado a un gobierno democrático en América, cuando un montón de cholos como él ya pasaron por la Primera Magistratura en Bolivia.
Pero, en fin, ahí estamos, en pleno etno – populismo que es un carnaval caro. Y más oneroso va a resultar si los genios de la oposición siguen necesitando médicos para detener las fintas futboleras de S.E. Porque se necesita de ayuda psicológica – o psiquiátrica – para evitar las barbaridades de los últimos días y aquello del referéndum revocatorio. Es que es el colmo que cuando S.E. se sumerge por su propia incapacidad, la memez tenga que echarle un cabo al agua para salvarlo. Y que el náufrago tome el cabo y vuelque el bote de los memos.
Todo esto después de la paliza que los cruceños le dimos al MAS en el referéndum del 4 de mayo. Y de las que vienen en Beni, Pando, y Tarija. Y en la elección prefectural de Chuquisaca también. Esto se opaca ante un boberío inconcebible. Lo cierto es que la oposición le ha abierto la puerta de la ratonera a S.E. y malogró algo que se había venido construyendo con mucho esfuerzo y que en democracia no debería ser tal: No someterse sino entenderse. Estábamos en un tú a tú con S.E., cuando el Senado aparece por peteneras y nos mete en un embrollo. A no ser que, como dije en mi última nota del martes pasado, mi cojudez sea absoluta y yo no entienda nada de lo que sucede en la política nacional.
Pero lo cierto es que deben ser muy pocos los bolivianos auténticamente demócratas. Por eso hablo de la farsa democrática. La democracia retornó en 1982 y ya en 1985 se había dado un golpe constitucional al Dr. Siles Suazo. Sin militares ni nada. El golpe lo dio el Congreso y al Dr. Siles se le birló un año de gobierno. Luego vino una etapa de relativa mejoría hasta que Sánchez de Lozada asumió por segunda vez el poder. Él había exigido, durante sus cuatro años de oposición, la renuncia de Banzer. Un mal signo porque se trataba de pedirle la renuncia a un presidente constitucional. Mala señal. Pero Sánchez de Lozada salió con la suya, no por hábil sino por la ayuda del Señor, que decidió llevárse al general Banzer. Luego, sabemos, Goni ganó la presidencia.
Pero a Goni lo tumbaron, “demócratas” de por medio, en una conspiración que está todavía por hurgarse. ¿Qué porquería habrá entre medio? Hubo muertos en las calles y conjuras en el Congreso. Pero se armó el golpe. ¿Acaso no fue un atropello a la Constitución? Fue nomás. Por incapaz que hubiera sido el gobernante – se decía lo mismo de Siles Suazo – era un presidente constitucional. Y subió Carlos Mesa y lo tumbaron también, esta vez los movimientos sociales y algunos “demócratas” como Evo Morales. Y a Evo también lo quieren tumbar, lo que es un error, por ineficiente que sea. ¡Que se caiga solo, señores! ¡Que se arrepientan los que votaron por él! ¿O lo quieren convertir en un héroe realmente? Nos tiene jodidos el caballero y es un incapaz. Lo sabemos. Pero los demócratas deben esperar su turno. Tengan paciencia aunque estemos con el agua al cuello.

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