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Fantasmas

Oct 31, 2015
1 min read

Todos tenemos nuestra propia manera de lidiar con los fantasmas.

A veces hay que llorarles, a veces enfrentarlos, jugar con ellos, reír con ellos, pero jamás ignorarlos o tratar de sepultarlos en irrevocable silencio.

Ahí viven los fantasmas dentro de uno, adheridos a la quietud del sueño como un sigiloso felino al acecho de su presa en la mortífera noche.

Hay que aprender a domarlos para que no lastimen, aprender a manipular el fuego para no acabar quemado en el incendio del aire.

Hay que aturdir a los fantasmas con varias copas de vino, emborracharlos con versos y canciones, despojarlos del tridente para que puedan flotar livianos como un aroma de hierba mojada en la pesadez del insomnio.

Hay que dejarlos hablar, para que nos cuenten las historias que habíamos olvidado, invocarlos desde su dilatada ausencia para sentirnos acompañados, aunque sea un instante, como si nunca hubieran partido. ::.

 
 
 

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