Faja territorial autónoma de Bolivia

Por Saúl Paniagua Flores
La faja territorial autónoma de Bolivia constituye una zona estratégica del Cono Sur cuya extensa frontera internacional se fusiona en espacios con regímenes federales y autónomos de Perú, Brasil, Paraguay, Argentina e inclusive Chile. En Pando, confluyen Bolivia, Perú y Brasil; Beni, con su zona amazónica de ríos navegables y floresta exuberante que penetra el corazón de Brasil; Santa Cruz y su extensa frontera con riquezas incalculables del Escudo Brasileño Precámbrico y el Chaco paraguayo inexplorado; Tarija se abraza con Argentina en lo que puede ser la mayor alianza energética con su socio estratégico, Chile.
Este ensamblaje territorial-económico-político en el centro de América del Sur es el impulso que esperaba el proceso de integración latinoamericano, que estuvo siempre ‘taponado’ por el obsoleto sistema político centralista boliviano, que no aprovechó su condición de país de menor desarrollo económico, los beneficios para la inversión y los mercados con arancel cero que ofreció Aladi. El accionar pendular de Bolivia no permitió que fluya el comercio intrarregional y el mercado que viene del Pacífico hacia el Atlántico, y viceversa. Quienes pueden atestiguar este hecho son los organismos subregionales como el Mercosur y la CAN, el Tratado de la Cuenca del Plata, el Pacto Amazónico, Urupabol y el Grupo Empresarial de Inversión del Cono Sur (Geicos). Los territorios no autónomos de Bolivia que se han impregnado del proceso autonomista irreversible son Chuquisaca, Cochabamba y Potosí, en el entendido de que la oportunidad de autogestión para su desarrollo está a un palmo. Si la Bolivia occidental altiplánica, compuesta por La Paz y Oruro, no se integra al resto del país, estará condenada a ser tan sólo un enclave territorial con reducción indígena de corte aimara, para circuito turístico y sin mayor relevancia económica. Los países vecinos que se beneficiarán con el nuevo estatus autonómico de Bolivia son, sin duda, Perú y Brasil, por el norte y este, y Paraguay, Argentina y Chile, por el sur. La faja territorial autonómica de Bolivia ofrece a sus nuevos socios inserción en mercados subregionales con integración plena a sus procesos de desarrollo, garantías e incentivos para la inversión, recepción de nueva tecnología y energía para sus ávidos vecinos. La otra Bolivia no autónoma está condenada a languidecer si no se engancha al tren autonómico de modernidad y desarrollo que ya partió el 4 de mayo pasado.

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