¿Exeni es confiable?

Por Cayo Salinas
No. No lo fue desde el primer día en que asumió el cargo. Designado vocal de la CNE por el Presidente de la República, nunca dio muestras de imparcialidad a la hora de exteriorizar sus actos en el manejo y conducción del órgano electoral. Curiosamente, fue elegido Presidente de la CNE al día siguiente de su designación, y a partir de ese episodio dio señales muy peligrosas respecto a ciertas preferencias hacia el partido gobernante y a movidas administrativas al interior de la Corte que sembraron un manto de innegables dudas. En los hechos, ninguna democracia funciona si no existe certeza respecto al voto y la transparencia de quien administra un acto eleccionario.
En democracias maduras, el voto es el derecho más importante porque a partir de él, se ejercen otros tantos que permiten el reconocimiento del carácter de ciudadanía y el ejercicio libre de garantías constitucionales. Por eso es que en democracias como la nuestra, constituye vital importancia contar con instituciones imparciales, equilibradas, cohesionadas y bien estructuradas, capaces de sostener el sistema de garantías que proclama la Constitución Política del Estado sin que el capricho o buena voluntad de los gobernantes de turno sea el que determine cómo y cuándo reconocer dichas garantías. En ese contexto, Exeni le hizo un flaco favor a la democracia y a la institucionalidad de la CNE al permitir que existan sospechas de manejos poco transparentes a la hora de administrar un acto eleccionario. Con sólo sospechas, un ente de esas características, pierde toda credibilidad. La Corte, con Exeni a la cabeza, inutilizó la bien cosechada imagen que ostentaba y a consecuencia de ello, hoy en día, sus actos dejaron de representar verdades inamovibles y luces respecto al curso del acontecimiento más importante que un país democrático puede llevar a cabo: una elección.
Pues bien, la mayoría de los bolivianos nos cansamos de decirle a Exeni que el fraude electoral tenía varias facetas. Muchos parlamentarios y comunicadores sociales mostraron pruebas contundentes de la existencia de irregularidades en el proceso de acreditación de los electores y jamás Exeni consideró su rigurosidad, más bien, fue pusilánime ante la entrega de cédulas de identidad en casas de campaña del MAS. Nunca comprendió o mejor, no le convenía comprender a la luz de su rol funcional, que una auditoria al Padrón Electoral era nada más que ir a revisar un listado de inscritos sin referencia alguna respecto a si ese listado incluía gente inexistente, personas fallecidas o personas que nacidas en el siglo 19 o principios del 20, salieron de sus tumbas para votar vaya a saber por quién.
Este señor jamás entendió cuál debía ser su rol siendo Presidente de la CNE, por lo menos aquel que la moral y las buenas costumbres mandan. Aceleró la presencia de extranjeros, antes del referéndum de enero, para mostrar que se auditaba el padrón cuando el problema está en el registro civil. En efecto, es en este registro, en las libretas de servicio militar y en el programa de carnetización gratuita, donde están las sospechas de fraude. Ahí debió entrar Exeni a fin de establecer y comparar los datos de esos registros con los existentes en el Padrón Electoral, y seguramente hoy hubiese estado informando al país de la existencia de grandes contradicciones entre los ciudadanos que aparecen en ese padrón con los que están insertos en el registro civil —estos últimos, fuente del primero—, en el crecimiento de la masa electoral por encima de los niveles vegetativos normales e incluso, en la posibilidad de que hayan oficialías de registro civil fantasmas. Exeni, si valoraba en alto grado el nivel de institucionalidad que representa su cargo, jamás debió dejar que las dudas y sospechas sean el común denominador de su gestión y de todas las justas electorales llevadas a cabo o por realizarse bajo su mandato. Será recordado como el presidente del fraude, porque nunca tuvo las agallas para afrontar el problema desde la raíz, desde el lugar donde está la causa que puede dar curso a la existencia de un padrón inflado. Hoy, y ésta es la gran paradoja que muestra el proceso de desagregación institucional al que estamos sometidos, las direcciones del registro civil tanto de la Corte Nacional Electoral como de las cortes departamentales electorales, acordaron realizar una auditoría al sistema de información entre marzo y diciembre del próximo año, es decir, después de someter al pueblo boliviano a uno de los actos más trascendentales como es el ir a aprobar o rechazar una CPE, es decir, un nuevo modelo de Estado y una nueva forma de gobierno.
Exeni, de quien dependen estas direcciones, no se atrevió a contraponer, antes al referéndum constituyente, las graves irregularidades que pesan sobre los datos del registro y prefirió “hacerse a la vista gorda” a fin de cumplir el rol para el que muchos creemos fue elegido por Evo. Termino aquí: no debe existir algo más patético, inmoral y deshonesto, que observar cómo una persona no honra el rol que como ciudadano juega en una determinada sociedad.

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