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Evo y “El conflicto permanente”

Jun 12, 2008
2 min read

Por Roberto Barbery Anaya

Analista Político.

Se intuye, pero aún no se ha formulado con claridad: la vigencia política de Evo Morales depende del conflicto. Con mayor rigor: de su capacidad para generar conflicto. De su habilidad política para exasperar, crispar nervios y generar tensión. De su belicosidad sostenida, por encima de cualquier causa o fundamento, lo que denota, ciertamente, una cultura política de confrontación en el país, cimentada en el rencor, que dejamos para un análisis más amplio.


Si el trotskismo planteaba ´La revolución permanente´, Evo Morales es el ejecutor de una variante: ´El conflicto permanente´.

Y cabe enunciar de forma aún más explícita el rasgo principal de este oficio, casi a manera de adagio: el conflicto ya no es un medio para fines más o menos revolucionarios; es un fin en sí mismo. Es la condición paradójica para consolidar el poder —curiosa dialéctica entre Gobierno y subversión—, inoculando dosis diarias de adrenalina política que ´mantienen movilizadas a las bases´, en ´estado de alerta´, como dijo el propio Presidente en un acto reciente, en el que llamó por enésima vez a sus correligionarios a profundizar la animosidad social.

Con ese trasfondo, no hay posibilidades de esperar una aproximación democrática en la relación con el Gobierno. Ni en lo externo ni en lo interno. Por ejemplo, el Canciller de Perú puede sentarse tranquilo a esperar que el Presidente de Bolivia proponga argumentos contra los acuerdos de libre comercio. Evo Morales no se moverá un milímetro de la demagogia. Seguirá insistiendo en que ´Alan García está cada vez más gordo y cada vez menos antiimperialista´, apostando por el circo…

Y eso en cuanto a la ´política exterior´, donde el porvenir parece que se lee en las arrugas de los abuelos —ya que no en los libros, según el canciller Choquehuanca… Porque en lo relacionado con la ´política interna´, los autonomistas pueden sentarse también a esperar tranquilos un debate responsable sobre un tema natural en cualquier Estado medianamente organizado. Morales no se moverá un milímetro de la demagogia. Seguirá insistiendo en que se trata de ´un invento de oligarquías, terratenientes y latifundistas´, apostando invariablemente por la ignorancia más supina y la sensiblería más afectada…

En todo caso, los múltiples usos de la demagogia, además de generar esta rara especie de sostenibilidad por la vía del conflicto, permiten distraer los ánimos de una gestión política marcada por grados de anarquía económica y administrativa que ponen en riesgo la modesta racionalidad institucional que ha logrado desarrollar el país en 25 años de democracia… racionalidad institucional que permitió, entre cosas mejores y peores, que Morales sea Presidente —en efecto, se trata de generar más circo, cuando el precio del pan sigue subiendo…

En este contexto, plantear diálogos y consensos resulta fariseo. Mientras Evo y su gobierno se adhieran a la peligrosa aventura de sostenerse por el camino de la provocación sistemática, no habrá escenario para un debate transparente. El prejuicio dirigido y la consigna temeraria seguirán ocupando el lugar de la hipótesis y el argumento. La confrontación seguirá ocupando el espacio de la democracia.

 
 
 

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