Esto se refiere a lo que aceptamos sin quererlo.
Ay qué ganas de no de no no no cuánta vida pasamos o perdimos sí sí sí sí sí sí íbamos barro abajo aquella vez y cuando nos caímos de la estrella aún más, entre búfalos que crepitaban ardiendo de cornúpetos, o sólo entonces cuando no podíamos ir más allá ni más acá, el momento de las imprecisiones que corroen con lento paso de ácido, en fin, en todas partes, no queríamos y allí quedamos vivos pero muertos. Porque siempre se trata de que no sufra ni Pedro ni su abuela y con esta medida nos midieron toda la vida desde los ojos hasta los talones y con esta razón dictaminaron y luego ya sin el menor respeto nos dijeron qué vísceras debíamos sacrificar, qué huesos, qué dientes y qué venas suprimirían ellos noblemente de nuestros abrumados esqueletos. Y así pasó aquel jueves cuando entre los peñascos no teníamos pies y luego cuando no teníamos lengua, la habiamos gastado sin saberlo, deciamos que sí, sin saber cómo y entre síes y síes nos quedamos sin vida entre los vivos y todos nos miraban y nos creían muertos. Nosotros no sabíamos qué podía pasar porque los otros parecían de acuerdo en estar vivos y nosotros allí sin poder nunca decir que no que no que tal vez no que nunca no que siempre no no no no no no.
Pablo Neruda

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