Esta es la “Justicia Comunitaria” que quiere implementar Morales en su nueva CPE.
Esta es la “Justicia Comunitaria” que quiere implementar Morales en su nueva CPE.

Este será el destino de Bolivia si se aprueba la Constitución del MAS y sus aliados. Sera como volver 500 años en la conciencia humana. Nuevamente volverán los “sacrificios humanos”.
Cinco mujeres y cuatro hombres arrastran sus pies camino al ingreso del pueblo. Con tierra en todo el cuerpo, sus rostros se muestran hinchados por los golpes y su piel lleva la dolorosa marca del fuego. Otros dos hombres, uno muerto y el otro agonizando, yacen tendidos sobre la carretilla que los transporta.
Después de casi 10 horas de tortura, los policías que aparecen a lo lejos parecen marcar el término del castigo impuesto por vecinos de Achacachi (La Paz) a estas 11 personas, acusadas de robar mantas, polleras, sombreros, joyas y otros objetos de valor durante la tradicional fiesta de San Cristóbal.En esta ocasión, Achacachi demostró una vez más que es un pueblo fuertemente unido que no permite ninguna falta en su contra y que, de producirse ésta, la sanciona con severidad.
“Son siempre unidos (sus habitantes), eso es lo bueno que tiene Achacachi. Deciden una cosa y la cumplen, ésa es su característica y siempre van a hacerlo de una manera conjunta”, afirma el alcalde del lugar, Eugenio Rojas, quien destaca la importancia que tiene la asamblea como un espacio de toma de decisiones.
El sociólogo y antropólogo Esteban Ticona señala que esta cohesión no es exclusiva de los achacacheños y explica que, en general, la región andina del país “funciona con colectividades que a veces son duras en sus manifestaciones, que son signos de bronca, rabia y amenaza”.
Ticona encuentra el origen de esta rabia en el pasado colonial de Bolivia. “Son siglos de subjetivación, de violencia. Los indígenas fueron subjetivados (…). Cuando la dominación es tan violenta, tan cruel, las reacciones van a ser también violentas y esas reacciones no se acaban todavía. Son manifestaciones de larga duración”, sostiene.
Ni los nacidos en Achacachi ni aquellos que viven ocasionalmente en este municipio identifican esta violencia como algo permanente, sino como una chispa que se enciende esporádicamente ante una provocación.
“Versiones de la misma gente dicen que cuando se le provoca, el achacacheño no mide consecuencias en su reacción”, apunta un funcionario de una radio local que prefiere el anonimato.
Al referirse al linchamiento y tortura de los presuntos delincuentes, el alcalde Rojas señala: “Es muy fuerte lo que pasó y por eso (la población) ha reaccionado de manera tan fuerte”.
“Nosotros jamás vamos a premiar a este tipo de gente, más bien hay que corregirla (…). Ojalá que reflexionen sobre lo que han hecho en Achacachi”, añade.
Édgar Ramos, presidente del Comité Cívico, describe al achacacheño como alguien “amable, confiable, pero que exige lo que es justo, tanto del Gobierno como de la sociedad misma”.
El presidente de la Junta de Vecinos de Achacachi, Eduardo Quispe, califica a los originarios de esta tierra como “serios, intelectuales, capaces de todo” y no del todo violentos; sin embargo, dice que cuando los molestas reaccionan y se ponen nerviosos”.
La reacción de los achacacheños llegó a niveles máximos de violencia el 9 de abril del 2000, cuando lincharon al capitán de la Fuerza Naval Omar Téllez. Entonces, tras un enfrentamiento con un contingente militar, una turba enardecida de campesinos arribó al Hospital Uriona, donde Téllez era atendido por los golpes que minutos antes le habían propinado. Arrastraron al militar hasta el patio del nosocomio, donde lo mataron para después cercenar su cadáver. Hechos como éste y otros del pasado hacen que la gente de Achacachi sea conocida por algunos como los “come gente”. Sobrenombre que para otros es sólo un mito.
“Yo descarto toda esa fama que tuviera Achacachi, pero el pueblo es muy aguerrido”, indica Víctor Miranda, fiscal asignado a la provincia Omasuyos.
“Son reacciones esporádicas. Como toda persona, cuando es ofendida en su interés propio, reacciona. Pero no son de naturaleza violenta”, añade la autoridad judicial, quien desempeña sus funciones en Achacachi hace un año y medio.
Por su lado, Celia Medrano, jueza de la población hace aproximadamente ocho años, afirma que si el sobrenombre de “come gente” tuviera razón de ser, “a mí ya me hubieran hecho algo, porque atiendo la materia penal. Desde que vivo allá, veo que la gente es tranquila. Una cosa es lo que se dice y otra lo que se ve”, añade la magistrada.
El secretario ejecutivo de los autodenominados ponchos rojos, Bernabé Gutiérrez, manifiesta: “Para mí es un rumor que la gente propaga despectivamente porque quizás el achacacheño ha sido siempre decidido o de lucha. En parte sí es aguerrido, pero no violento”.
Los ponchos rojos, aliados del actual Gobierno, agrupan a campesinos no sólo de Achacachi, sino también de toda la provincia paceña de Omasuyos.
Según Rojas, su líder, el ejército popular se creó con el objetivo de contrarrestar y expulsar a los enemigos de Bolivia, aquellos que han “chupado sangre” por más de 200 años, desde la creación de la República, y que “han vivido a costa de los pobres, indígenas y campesinos”, afirma.
El 22 de noviembre del 2007, miembros de este grupo armado golpearon y degollaron a dos perros como una señal de amenaza para los sectores opositores al gobierno de Evo Morales. En esa fecha anunciaron su partida a la ciudad de Sucre con el propósito de defender la Asamblea Constituyente.
“Lazo seguro” es otro de los apodos que se les atribuye a quienes habitan la capital de Omasuyos. Sobrenombre que incluso forma parte de una canción.
El burgomaestre precisa que “lazo seguro” se refiere al carácter revolucionario, fuerte y unido de los achacacheños. “Un lazo está hecho de cuero de vaca (y se emplea) para amarrar algo, para huasquear (castigar)”.
Para Ticona, estos sobrenombres son “estigmas, estereotipos, prejuicios que se han generando en torno a los indígenas para desacreditar sus acciones de masas”.
Como ejemplo, el también investigador cita que el año 1921, a raíz de un levantamiento indígena en el municipio paceño de Jesús de Machaca, sus pobladores fueron llamados “come curas” porque presuntamente habían asesinado al párroco del pueblo. Una posterior indagación, dice, confirmó que el religioso murió después de la revuelta.
Un vecino de Achacachi, que habita el municipio desde el mes de febrero, califica como “un hecho aislado” el linchamiento ocurrido hace una semana.
“En mi percepción, son gente bastante calmada”, sostiene, y relata que “aunque parezca extraordinario, ellos tienen una percepción de castigo y miedo a Dios porque el día del hecho decían: “si los matamos (a los detenidos), va a haber peor sequía”.
El dirigente de los colonizadores de San Julián (Santa Cruz) ve que los achacacheños “tienen una gran seguridad en sí mismos y un orgullo de su raza aymara y de sus ancestros. Son rígidos también en la aplicación de su forma de ser y en la aplicación de las normas que los rige”.
Sacan a un militar del hospital para lincharlo
El 9 de abril del 2000, una turba enardecida de campesinos de Achacachi mató a golpes al capitán de la Naval Omar Jesús Téllez, en el patio del Hospital Uriona de ese municipio.
En esa fecha, miles de campesinos se enfrentaron con tropas militares en una violenta jornada. Los comunarios demandaban la liberación de su máximo dirigente, Felipe Quispe, y la reforma de algunos artículos de la Ley del Agua.
Luego de la refriega, los achacacheños saquearon varias reparticiones estatales y quemaron un vehículo de la Policía.
Los ánimos de los exaltados campesinos alcanzaron su punto máximo al enterarse de que uno de los oficiales de la Naval, que habían golpeado minutos antes, estaba en el hospital del lugar. Entonces, arrastraron al uniformado hasta el patio del nosocomio, donde lo lincharon antes de cercenar su cuerpo sin vida.
Ponchos rojos matan perros para amenazar
El 22 de noviembre del 2007, campesinos de los autodenominados ponchos rojos de la provincia Omasuyos golpearon y degollaron a dos perros como una señal de advertencia a los opositores al Gobierno.
En ese entonces, el grupo aliado del Gobierno se había declarado en “pie de guerra” en defensa de la Asamblea Constituyente. Ese día anunció el traslado de mil campesinos a la ciudad de Sucre para cumplir tal propósito.
En medio de los aullidos de dolor de los animales, los enardecidos achacacheños gritaban una amenaza: “así van a sufrir los perros de la media luna”.
Los dos animales fueron amarrados del cuello y colgados con sogas en una especie de arco de madera y luego golpeados con palos, antes de ser degollados. El hecho se produjo en el cuartel al ingreso del pueblo, donde históricamente los ponchos rojos se parapetaron para su defensa.
Linchan y torturan a presuntos delincuentes
Hace una semana, vecinos del municipio de Achacachi capturaron a 11 presuntos ladrones. Lincharon a dos de ellos y torturaron a los otros nueve.
Los supuestos delincuentes habrían aprovechado una fiesta patronal para robar a los ebrios el domingo 16. Se denunció que con la ayuda de dos pañuelos procedían a ahorcarlos, golpearlos y quitarles sus pertenencias, hasta que los descubrieron. Los pobladores quemaron el coche en el que los 11 detenidos habrían llegado y donde encontraron sus posesiones. Tras una brutal golpiza de al menos 10 horas en la sede de la zona Masaya, los llevaron al estadio.
En ese lugar les rociaron con gasolina, querosén y les prendieron fuego. El lunes 17, los obligaron a caminar por cerca de 10 cuadras hasta la entrada del pueblo. Allí, la Policía, tras una negociación, rescató a nueve personas con vida y dos cadáveres.

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