Espectros
La noche respira en tu cuello… y te imagino libre,
volando con soltura en el hondo mar de los que añoran,
labios de enramada que dibujan la tristeza de tu rostro,
delicada sonrisa con la que enfrentas el abandono del mundo,
dolor primigenio e insondable que te persigue de cuclillas,
desde tu inocencia más temprana, dolor sanguinario y espeso,
como la muerte, como los pasos homicidas de un niño
recorriendo pasillos habitados por monstruosos, anhelos podridos,
vapores asesinos, miradas como piedras que hieren,
ojos delatores que huyen de la luz para esconderse
en las sombras, tibia guarida que nos revienta las entrañas,
apretando los dientes, como dos cuerpos solitarios aferrándose
uno contra otro, prófugos del miedo, victimados por las negras
aguas del olvido, presos de sus más viles pasiones,
cuerpos que hablan y muerden, que aman y odian, que lloran y gozan
escuchando el latir de los corazones hambrientos, trémulos besos
hinchados de placer, brasas calientes, párpados húmedos,
bocas entreabiertas buscándose con insistencia, la ansiedad
sabe siempre a incertidumbre, a teléfonos resonando en el vacío,
a pantallas dando vueltas hasta encontrarte amaneciendo,
a rumores del pasado estallando en mi cabeza,
punzadas como gritos que mutilan,
sangre como víboras chorreando entre mis grietas.
::.

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