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Escape Room: La Mina, Mina Madrid Escape Room

Sep 2, 2021
4 min read

Una vez que abrimos la veda de los escapes tras el parón obligado por la COVID, ya no podíamos parar. Tras la Experiencia Roja en julio, decidimos que para agosto tocaba la Mina, el primer escape que teníamos pensado para 2020. Nos lo habían recomendado en varias ocasiones en las charlas postjuego, pero siempre tenía todas las horas pilladas y siempre estaba en lo alto de nuestra lista de futuribles. Ahora, entre la pandemia y el verano había hueco, así que no lo dudamos; juntamos un equipo y reservamos.

Pronto nos llegó un mensaje con indicaciones para el día en cuestión y un vídeo introductorio:

Accede en Madrid a Mina de Quintana. Se trata de una mina subterránea construida durante la Guerra Civil. Fue construida para comunicar diferentes edificios emblemáticos de la ciudad y como posible vía de evacuación en caso de catástrofe.

Con el final de la guerra se decidió sellar y así ha permanecido desde entonces… Hasta ahora.

Estamos buscando mineros y mineras que no tengan miedo de entrar al subsuelo de la ciudad, gente que quiera adentrarse en los misterios de Mina de Quintana. La recompensa estará a la altura. Pero tendrás que esforzarte por conseguirla.

¿Te atreves?


Puntuales como nos exigía el correo nos plantamos en la puerta, donde nos encontramos una tablilla con el típico formulario sobre el tratamiento de datos personales. Lo cumplimentamos y llamamos al timbre. Pronto nos recibió Nando, nuestro capataz, que se preocupó por nuestra experiencia en “minas” y nos hizo una breve introducción. Por supuesto nos dio las pautas para nuestra misión (descubrir si los rumores sobre un valioso mineral eran ciertos o no) y, tras guardar nuestras cosas en una taquilla y dotarnos con 4 linternas, nos acompañó a la entrada, donde nos dejó a nuestra suerte.

Nada más poner los pies en la mina alucinamos. Y es que es una mina. Tal cual. El nivel de inmersión y ambientación es espectacular, de techo a suelo pasando por la iluminación. No es de extrañar que nos recomendaran en la reserva acudir con ropa y calzado cómodos. Es más, teniendo en cuenta el entorno, es imprescindible llevar además disposición a ensuciarse, porque en algunos momentos es inevitable. Recordemos que un escape exige capacidad de observación, pero también tocar, mover objetos…

Con un límite de 90 minutos comenzamos creo que bastante predispuestos en la primera sala. Fuimos encontrando objetos, deduciendo para qué podrían servir y resolviendo los primeros puzles. Hubo algún momento de despiste, pero Nando, que estaba atento, sutilmente nos hizo darnos cuenta del error. A partir de ahí, fuimos avanzando por las siguientes galerías sorprendiéndonos a cada paso. Aunque al principio de cada sala, como siempre, cuesta un poco saber por dónde empezar, enseguida algún integrante del grupo descubre algo que hace que a otro se le enciende la bombilla y entonces es un no parar hilando enigma tras enigma. La fluidez está muy bien trabajada y el ritmo va en continuo ascenso. El desarrollo de la partida se pasa volando y te olvidas totalmente del tiempo.

Es cierto que en algún momento nos enredamos intentando solucionar alguna pista (cuando llevas tantos escapes a tus espaldas tiendes a complicarte la vida), pero Nando enseguida nos guiaba al camino correcto. También tuvimos algún fallo de principiante a la hora de revisar, pero afortunadamente una de nuestras integrantes estaba sembrada ese día y, sobre todo hacia el final, nos salvó 2-3 veces gracias a su capacidad de observación (vaya vista).

Tal y como nos pasó en la Experiencia Roja, La Mina cuenta con un espacio bastante amplio, por lo que encontramos un gran número de problemas a resolver. No obstante, en ningún momento se nos hizo largo ni especialmente difícil. Hay enigmas para todos los gustos, desde los típicos candados de llave o números (no muchos) hasta otros de carácter tecnológico pasando por alguno un tanto físico. En cualquier caso, la mezcla de todos ellos, perfectamente adaptados a la ambientación de cada espacio (nada desentona), hace que sea todo muy dinámico y que no haya lugar para el aburrimiento. El número de participantes puede oscilar entre 2 y 7, pero creo que lo más recomendable es 5, como fuimos nosotros (se nos cayeron dos integrantes a última hora). Si hubiéramos sido más, quizá alguno se habría quedado parado en determinados momentos.

Tras un final de infarto conseguimos regresar a la superficie con el mineral recuperado habiendo pasado tan solo 64 minutos. ¡Yo pensaba que llevábamos mucho más de lo intenso que había sido todo, de las carreras, de los nervios…!

Para terminar, echamos un rato de charla con nuestro Game Master, que nos comentó alguna cosilla del juego, pero que sobre todo se lo había pasado bien observándonos porque se notaba que estábamos disfrutando. Al parecer lo frecuente es salir sobre los 75 minutos, por lo que parece que no lo hicimos mal del todo pese a estar un pelín desentrenados por el parón de más de un año. Claramente entendimos que fuera tan popular y siempre estuviera reservada. En nuestra lista ha quedado en la segunda posición, solo por detrás de La Entrevista.

Después de la foto de rigor seguimos hablando otro rato más, esta vez intercambiando experiencias escapistas y anotando nuevas salas a nuestra lista. Nos despedimos ya pensando en nueva fecha. Y es que habíamos recuperado el gusanillo después de tanto tiempo sin jugar.

 
 
 

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