Escape Room: Hex Game, The Box
Para nuestro primer juego de escape de 2025 elegimos una sala tradicional. Dejamos de lado las experiencias y experimentos y volvimos a The Box, donde ya en su día hicimos The museum box, una sala que desapareció cuando la empresa cambió de dueños. En este caso reservamos Hex Game, con cierto aire nostálgico.
Nada más llegar nos recibió nuestro Game Master, quien venía del 2222, un año en que la inteligencia artificial llamada HEX ha tomado el control del mundo. Empezó poquito a poco, pero con cada nueva actualización ha ido aumentando su poder hasta un punto tal en que ha llegado a convertirse en un enemigo casi invencible.
La única manera para acabar con Hex que se le ha ocurrido a este personaje es viajar a nuestra era para hacerse con un archivo que contiene el código necesario para la desactivación de la IA y dejarlo inutilizado para siempre. El problema es que este archivo está custodiado en una sala de juegos arcade olvidada y para llegar a él hay que superar varias pruebas. Él solo no puede llevar a cabo la misión, así que nos pide ayuda. Nosotros tendremos que entrar y conseguir en menos de 60 minutos el USB con el archivo y él mientras tanto mantendrá contacto desde el exterior con un método de principios de siglo.
Hex Game es una vuelta al pasado, a nuestra infancia-adolescencia, a aquella época de los recreativos, con televisión y VHS, con alusiones a películas de los 80-90, con máquinas arcade, con cubos de Rubik, comecocos y máquinas de peluches. La ambientación está bastante lograda y tiene cierta coherencia con lo que nos había contado nuestro viajero en el tiempo.
Siendo seis, rápidamente nos distribuimos por la sala y comenzamos a buscar pistas para ir resolviendo pruebas. No tuvimos mucha dificultad en encontrar objetos que nos daban la pauta de cómo seguir avanzando. Tan solo hubo un momento en que nos atascamos porque teníamos partes de piezas de varios puzzles, pero no podíamos concluir ninguno. Era como si nos hubiéramos saltado algo. En este sentido nos gustó que el game master nos dejara tiempo para observar, investigar y probar variables (intuyo que porque íbamos muy bien de tiempo), y, solo cuando ya habían pasado 3-4 minutos, nos hizo una pregunta. En realidad ni llegó a darnos pista, únicamente nos hizo reflexionar.
Por lo demás, tras este momento de confusión, continuamos con el desarrollo de nuestra misión, moviéndonos entre las salas que íbamos descubriendo. Y es que, aunque el juego es lineal, las salas están relacionadas y en ocasiones hay que volver sobre los pasos dados para completar los enigmas. Un toque que aporta dinamismo y momentos graciosos de gente corriendo de un lado para otro y dando voces a los demás.
La fluidez es quizá la característica principal de este juego de escape, ya que no hay elementos demasiado ocultos ni rebuscados. Y, aunque había más candados de lo que últimamente estamos acostumbrados, estos eran variados y no resultaban aburridos, puesto que estaban bien combinados con otro elementos más tecnológicos.
Nos lo estábamos pasando tan bien que nos sorprendió cuando llegamos a la prueba final y, con el USB en nuestro poder, se nos abrió la puerta. Claro, contábamos con 60 minutos y habíamos conseguido completar la misión en 38. Es la pega que tienen este tipo de salas más tradicionales, que no las amortizamos lo suficiente. O que quizá tenemos un grupo muy grande y se acaban antes los puzzles.
En cualquier caso, una sala tradicional, con un toque nostálgico especialmente indicado para aquellos que hemos crecido en los 90 o para amantes del mundo de los videojuegos. Nosotros desde luego nos lo pasamos muy bien. Ahora a pensar en el próximo, que tendrá que ser ya para abril porque en marzo se vienen cosas.

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