Escape Room: El Sastre, Locktopus Madrid
Cuando retomamos los escapes tras el parón por el COVID teníamos claro que íbamos a poner en primer lugar los que teníamos en la lista de los más recomendados no fuera a ser que surgiera algún imprevisto y no tuviéramos la oportunidad de hacerlos. En caso de que todo fuera bien también corríamos un riesgo, y es que probable que en unos meses tengan largas listas de espera. Por tanto, cuanto antes, mejor. Después de La entrevista (que hicimos en prepandemia) y de La Mina (que hicimos hace bien poco siguiendo esta premisa nueva), uno de los escapes que nos recomendaban continuamente era El sastre, de Locktopus Madrid, así que en octubre, tras nuestra participación en el Caso Vasiliev, decidimos que iba a ser nuestro escape de noviembre.

Estás pasando el rato con tus amigos cuando de repente te llega un extraño mensaje al móvil: “Su traje está listo. Pueden pasar a recogerlo durante el día de hoy. Comuniquen el número de pedido a su llegada…” Vaya, se han equivocado, ese mensaje no es para ti, ni siquiera usas trajes, tú eres más de camiseta y deportivas… pero sigues leyendo, y empiezas a ponerte nervioso: “… No llamen a la policía, no hablen con nadie, traten este asunto con discreción y no compliquen las cosas. Les esperamos…”
Este mensaje que aparece en la web es lo único que sabemos de antemano sobre la temática del escape, pero somos unos aventureros con ganas de divertirnos, así que no nos importaba ir un poco a ciegas. Eso sí, con la única recomendación de ir con ropa cómoda.
Llegamos al local un poco antes de la cita y lo primero que nos sorprendió fue que desde fuera parece una sastrería. Sus dos escaparates exponían maniquíes con trajes de chaqueta. No me extraña que más de uno se haya equivocado y haya entrado con intención de encargar uno.

Una vez dentro la temática se mantiene y encontramos una máquina de coser, telas, patrones, tijeras, alfileres… y a nuestra Game Master, quien rápidamente nos pidió que nos pusiéramos cómodos despojándonos de nuestros abrigos y nos metió de lleno en la aventura. El factor sorpresa es clave, por lo que hasta aquí puedo leer al respecto. Eso sí, lo que sí puedo comentar es que, efectivamente, no sabíamos a lo que íbamos. Me sorprendió sin embargo que no hubiera una primera toma de contacto. Normalmente, aunque el juego sea directamente inmersivo, siempre hay un tanteo a los participantes para conocer su experiencia escapista y unas breves directrices sobre el desarrollo del juego. En este caso por el contrario comenzamos a los pocos minutos de cruzar la puerta tras una pequeña introducción y un par de misteriosas indicaciones.
Ya en la primera sala no obstante nos metimos de lleno en nuestro papel y comenzamos con nuestra tarea de observación, de recopilación de pistas y de resolución de puzles. Y es que la ambientación te hace olvidar todo: el mensaje misterioso, que no sabes a lo que vas, la escasa charla con la Game Master… y automáticamente te crees tu personaje y te trasladas a lo que te sugiere el escenario en que te encuentras. Enseguida fuimos hilando y no tardamos mucho en avanzar a la siguiente sala. Parece que estábamos bastante concentrados.
En la segunda sala sin embargo bajó un poco el ritmo. Quizá al tener más cosas a las que prestar atención, nos dispersamos un poco. Aunque lo cierto es que El Sastre no es uno de esos escapes en los que tienes muchísimos enigmas que resolver (desde luego no es como El Caso Vasiliev), pasamos alguna cosa por alto y nuestra Game Master nos tuvo que reconducir de forma sutil.
A partir de ahí tuvimos altibajos cometiendo algún que otro error por querer ir demasiado deprisa, pero en general seguimos a buen ritmo enfilados hacia el final. Trabajamos, como viene siendo habitual en nosotros, dividiéndonos las tareas de forma bastante orgánica sin necesidad de expresarlo verbalmente. Aunque me dio la sensación de que, a pesar de ser un escape para 2-6 jugadores, siendo el máximo de integrantes, todos en algún momento nos quedamos sin nada que hacer. Es verdad que como los espacios no son pequeños, pues no nos estorbábamos especialmente y además siempre viene bien que alguien vaya revisando por si se queda algo pendiente. En cualquier caso, quizá 4-5 sea un número más adecuado.
Tras un final de infarto, con alguna carrera, unos pocos gritos y algún que otro cardenal logramos salir en el minuto 64. Un tiempo bastante bueno teniendo en cuenta que es un escape de 85 minutos. Y sobre todo, un tiempo bastante bueno considerando que pensábamos que íbamos mucho más al límite. Y es que cuando entras en El Sastre pierdes completamente la noción del tiempo. No es de esas salas en las que hay una pantalla donde puedes ver continuamente cómo se reducen los minutos, y aunque no se nos pidió expresamente que dejáramos nuestros relojes con los abrigos, la verdad es que te metes tanto en la historia que ni siquiera te da por mirar la hora.
El Sastre tiene, como ya comentaba, una muy buena ambientación que guarda coherencia con la trama. Los escenarios no son decorados, sino que son lo que son y están donde están por un motivo. Los puzles por su parte están también muy bien integrados en la historia siendo algunos muy sencillos a primera vista y otros que requieren algo más de atención. Y no solo los hay de diferentes dificultades, sino además de categoría, entremezclando con un buen equilibrio pruebas más clásicas con candados con otras más de asociación mental y otras tecnológicas o mecánicas (algunas de ellas bastante vistosas y divertidas). Es un juego bastante lineal, pero bastante fluido sobre todo si te metes en el papel y actúas como lo harías si todo fuera real. A veces la solución es la opción más sencilla.
La única pega que le pondría es el tema auditivo. La comunicación con la Game Master era a través de un walkie-talkie y yo no la entendía porque nos llegaba la voz distorsionada y muy baja. También en algún momento del desarrollo del juego había algún audio que nos fue tremendamente complicado oír, y más cuando el resto del equipo sigue moviéndose por la sala buscando más pistas. Por lo demás, un escape entretenido, muy dinámico y con algunos momentos inesperados.
Yo salí con un subidón, pero lo cierto es que no me divertí tanto como en La Entrevista o en La Mina (para mí los dos mejores que he hecho hasta la fecha). Quizá tiene mucho que ver que me habían hablado tan bien de este escape que yo misma me había creado ciertas expectativas. También supongo que a medida que vamos haciendo más, es más difícil sorprenderse.
Habrá que ir pensando en el siguiente. Aunque ya tendrá que ser en 2022, que diciembre siempre es un mes complicado para cuadrar agendas.

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