Escapada a A Coruña III: Santiago de Compostela
A nuestra llegada el día anterior ya habíamos visto la playa de Riazor desde las ventanas del piso donde nos alojábamos, sin embargo la panorámica no tiene nada que ver con la que pudimos disfrutar cuando nos levantamos con el amanecer de fondo.
Desayunamos tranquilamente, nos preparamos y abandonamos A Coruña a las 9 de la mañana. Una hora y media apenas después llegamos a Santiago, capital de Galicia y ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO gracias a su belleza monumental, extraordinaria conservación y por ser el final de la milenaria ruta de peregrinación que es el Camino de Santiago.
La ciudad de Santiago de Compostela nació en el año 830, no obstante, existen indicios arqueológicos que demuestran que en el lugar donde se halla ya se asentaba en la Antigüedad una villa romana que pudo alcanzar una cierta importancia y que persistió hasta el siglo VII. La fundación viene de la mano del descubrimiento en el 813 de la tumba del Apóstol Santiago, a quien el rey asturiano Alfonso II declaró Santo Patrón del Reino. Fue entonces cuando la urbe se convirtió en un lugar de culto para la cristiandad de Occidente (además de punto de encuentro de diversas corrientes de pensamiento y cultura) frente a la expansión musulmana.
En el año 1075 comenzó la construcción de la gran catedral románica que fue creciendo a la vez que lo hacía la ciudad. Para el siglo XIII el templo estaba en su máximo esplendor y atraía cada vez a más fieles, sobre todo provenientes del Camino Francés, lo que favoreció la aparición de conventos extramuros como el de San Francisco, Santo Domingo, Santa Clara o Belvís para acoger a los peregrinos.
Poco a poco la ciudad histórica se fue configurando y a lo largo de la Baja Edad Media Santiago era ya un importante núcleo industrial y comercial. A finales de la Edad Media adquirió además una relevante posición como ciudad académica y estudiantil tras la fundación del Colegio de Estudiantes Pobres (germen de la actual Universidad) en 1525.
Con la fundación del Hospital Real se abrió un período de transformación urbanística con la Catedral como núcleo y que concluyó en el XVIII renovando gran parte de sus edificios que aún mantenían buena parte de las características de la época medieval.
En el siglo XIX se eliminaron las murallas de la ciudad y se produjeron dos importantes construcciones: la del Mercado de Abastos y la del Parque de la Alameda. Finalmente, en el siglo pasado la especulación inmobiliaria dio lugar al Ensanche. Aunque un hecho decisivo para la ciudad fue el nacimiento en 1980 de la Comunidad Autónoma de Galicia, ya que Santiago se convirtió en la capital política y administrativa de la región.
Aparcamos cerca de la Rúa das Rodas y desde allí nos adentramos en el casco histórico, comenzando por la Praza San Martiño, donde se erige la Iglesia de San Martín Pinario, un templo de planta de cruz latina con tres naves en el brazo principal y una en el transversal.
Forma conjunto con el Monasterio de San Martín Pinario, que ocupa toda una manzana, aunque para ver la fachada de este hay que continuar hasta la Plaza de la Inmaculada.
Fundado en el siglo X y perteneciente a la orden benedictina, hoy en día una parte es el Seminario Mayor Compostelano, que funciona como albergue de peregrinos. Es el segundo edificio religioso más grande de España, solo superado por el Monasterio de El Escorial. Destaca por su fachada en forma de retablo a la que se accede por una gran escalinata.
Desde allí nos dirigimos al punto clave de la ciudad: la Plaza del Obradoiro, la principal de Santiago, su kilómetro 0. Allí se erige la Catedral, que queda flanqueada por otros edificios históricos como el Hospital de los Reyes Católicos, el Pazo de Raxoi, el Pazo de Xelmirez y el Colexio de San Xerome.
Mirando a la Catedral, a mano izquierda queda el Hospital de los Reyes Católicos, que fue construido en 1501 por orden de los Reyes Católicos tras visitar Santiago para dar cobijo a los peregrinos que llegaban a la ciudad agotados (y a veces incluso enfermos). Hoy este edificio de puro estilo plateresco es el Parador de Santiago y no tiene precios precisamente populares.
Frente a la Catedral se erige el Pazo de Raxoi, mandado construir en 1766 por el arzobispo Raxoi (de ahí su nombre) como residencia para los niños del coro y seminaristas. En la actualidad ha sido reconvertido en la sede del Ayuntamiento de la ciudad, del Consello da Cultura Galega y de algunas dependencias del Gobierno de la Xunta de Galicia.
Cerrando la plaza se halla el Colexio de San Xerome. Este edificio no es el mismo en que se originó, pues fue comprado por los monjes para ampliar el convento (aunque conserva en la entrada la portada románico-gótica del colegio original). Establecido por el arzobispo Fonseca III para estudiantes pobres, hoy alberga el Rectorado de la Universidad.
Y finalmente nos queda mirar a la Catedral, el emblema de Santiago de Compostela, el lugar al que están deseando llegar los extasiados peregrinos tras hacer un viaje tanto físico como espiritual o reflexivo. Y es que aunque cada vez hay más gente que hace el camino sin connotación religiosa, la tradición continúa viva.
Construida para albergar el sepulcro del Apóstol Santiago muestra una combinación de estilos arquitectónicos consecuencia directa del tiempo que tardaron las obras. Los trabajos se iniciaron en 1075 bajo las órdenes de Bernardo el Viejo y Roberto. Sin embargo, tuvieron que parar cuando el obispo fue encarcelado y no se reanudaron hasta que no se nombró un nuevo en 1100. Esta vez estaba al mando el Maestro Esteban.
Entre 1168 y 1188 le tomó el relevo el Maestro Mateo, con quien arrancó la segunda gran campaña de edificación de la catedral. Este hombre era el artista más importante de su época en toda la Península y fue quien dotó a la fachada principal del famoso Pórtico del Gloria.
Concluida en 1211 la catedral aúna elementos en estilo románico, barroco y gótico. Y por su belleza y representatividad de estos tres estilos arquitectónicos fue declarada Bien de Interés Cultural en 1986. Se puede acceder a su interior previo pago para seguir la tradición peregrina de abrazar la estatua del Apóstol o ver su famoso botafumeiro.
Nosotros decidimos continuar con nuestra visita de la ciudad poniendo rumbo al Parque de la Alameda, uno de los grandes pulmones verdes de la ciudad y que ofrece unas buenas vistas de la ciudad y en especial de la Catedral.
El Parque se divide en tres partes: el Paseo de la Alameda, la Carballeira de Santa Susana y el Paseo de la Herradura. Y en su misma entrada nos encontramos con la escultura dedicada a Las dos Marías (As dúas Marías), Maruxa y Coralia, dos hermanas que salían salir a pasear por el centro cada día a las 2 de la tarde (por eso también se las conocía como las dos en punto), vestidas de manera llamativa e intentaban ligar con los universitarios.
En el parque encontramos dos estatuas más, la de la escritora gallega Rosalía de Castro y la del dramaturgo Valle-Inclán, que está sentado en un banco con unas vistas inmejorables.
Abandonando el parque regresamos al casco histórico tomando la Rúa da Porta Faxeira y callejeamos por las callejuelas y plazas que abundan en la zona vieja de la ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985. Es una zona plagada de casas señoriales, parroquias, conventos, palacios, bellas estatuas y ornamentadas fuentes que hacen que el paseo merezca la pena.
Fuimos a desembocar, como no podía ser de otra manera a la Rúa do Franco / Rúa do Vilar / Rúa Nova, que también recibe el sobrenombre de Calle de los Vinos, pues es donde se concentran la mayoría de bares y restaurantes del casco histórico. Es famosa la ruta París – Dakar, que consiste en tomarse un Ribeiro en cada uno de los más de 20 locales de la calle. Y, ¿por qué recibe el nombre del rally? Pues porque se empieza en el París y se termina en el Dakar.
Abandonamos esta calle animada y nos dirigimos hacia el Mercado de Abastos. Antes pasamos por el Arco de Mazarelos, la única de las siete puertas que tenía el Santiago amurallado.
Extramuros nos encontramos con el Convento Mercedarias descalzas. Fundado en 1671 por el Arzobispo Antonio Girón, es de estilo barroco-neoclásico
Cuando llegamos al Mercado de Abastos aún no estaba en pleno funcionamiento. Muchos locales aún estaban cerrados y los que habían abierto estaban preparando aún mesas y género. Sin embargo, parece que es un espacio que alcanza un gran bullicio y trasiego a lo largo del día.
Construido en 1941 en la plaza que en su día albergó el antiguo ayuntamiento y el mercado hasta su traslado a finales del siglo XIX, en él se pueden encontrar puestos de marisco, pescado, fruta, verdura, carne, empanada, queso e incluso leche fresca… Por supuesto, todo local. Y además de hacer la compra, también se puede pedir (con un incremento en el precio) en los restaurantes del edificio, que te cocinen los productos que acabas de adquirir.
Tomando la Rúa do Preguntorio llegamos a la Plaza Cervantes, uno de los puntos más famosos de encuentro entre los lugareños. Ya en el siglo II este lugar era el foro de Santiago y en él se leían los mandatos del arzobispo
No muy lejos, en la parte trasera de la Catedral, se halla la Praza da Quintana, el mejor sitio para ver la Torre del Reloj, llamada Berenguela.
La plaza está dividida en dos partes: la parte alta, también conocida como Quintana de Vivos, y la parte baja, que fue un cementerio hasta 1780 y recibe el nombre de Quintana de Mortos.
Queda franqueada, además de por la fachada trasera de la Catedral, por el Convento San Paio de Antealtares y la Casa de la Conga.
Acabamos nuestra visita en la capital antes de regresar al coche en la Plaza de Praterías, lugar donde en la Edad Media estaban los talleres de orfebres.
En el centro se erige la Fuente de los Caballos, una de las más bonitas de la ciudad. Detrás se halla la curiosa casa barroca llamada Casa del Cabildo, donde normalmente hay exposiciones temporales y que, a pesar de parecer enorme, en realidad solo cuenta con 3 metros de fondo.
Desde allí, cerca de las 12 de la mañana, retornamos al coche para poner rumbo a la costa y continuar el día.

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