top of page

Escapada a A Coruña II: Lugo

Sep 4, 2020
4 min read

Tras abandonar Astorga, pusimos rumbo a Galicia. Y, aunque ya se nos estaba haciendo de noche, pues eran más de las seis de la tarde, decidimos hacer una breve parada en Lugo para estirar las piernas.

Asentada en el interior de la provincia sobre un cerro a orillas del río Miño, Lugo fue fundada en el 25 a. C por el magistrado romano Paulo Fabio Máximo. A pesar de ser una ciudad pequeña, su encanto reside en que conserva importantes huellas de aquella Lucus Augusti, entre ellas la muralla, construida entre los siglos III y IV, y que, gracias a su buen estado de conservación (su perímetro sigue intacto), es la única muralla romana que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (en el 2000). Además, en octubre de 2007 se hermanó con la Gran Muralla China de Qinhuangdao.

Esta barrera pétrea delimita claramente la ciudad en dos partes: la zona vieja en la parte interior y la zona nueva en la exterior. Intramuros predominan numerosos espacios ajardinados, amplias plazas y tranquilas calles empedradas en las que se erigen edificios de poca altura. Por su parte, en el ensanche encontramos un estilo arquitectónico más actual y ecléctico.

Además de la muralla se conservan otros vestigios romanos como el puente del siglo I sobre el río Miño y las termas. Y esos son los que se ven, ya que cada vez que se hacen obras tienen que ir con cuidado, pues en cada excavación se pueden encontrar nuevos restos del imperio romano.

Con una planta cuadrangular y un perímetro de 2118 metros, la muralla fue construida para defender la ciudad de la amenaza bárbara. Se desconoce el criterio para su trazado, ya que quedaron desprotegidas algunas zonas residenciales, pero con un espesor de una media de 4,20 metros (en algunos puntos llega hasta los 7) y una altura que oscila entre los 8 y los 12 metros, enmarcaba un recinto interior de 34,4 hectáreas.

Hoy ha perdido su función defensiva y forma parte del día a día de los lucenses. Se conservan 71 de las 86 torres que tenía originalmente y cuenta con 10 puertas de acceso: cinco de ellas de la época romana (Porta Miñá, Porta Falsa, Porta de San Pedro, Porta Nova y Porta de Santiago) y otras cinco abiertas a partir de 1853 (la de San Fernando, la de la Estación de tren, la de Obispo Izquierdo, la de Obispo Aguirre y la de Obispo Odoario) para facilitar el acceso y movilidad al crecer la ciudad extramuros.

Aparcamos no muy lejos de la muralla y entramos al casco histórico por la Puerta de la Estación, que nos conduce a la Plaza de Santo Domingo, presidida por un águila imperial romana de bronce ubicada sobre una columna de granito de 15 metros de altura. Este Monumento do Bimilenario conmemora el segundo milenio de la fundación de la ciudad por los romanos.

No muy lejos se halla la Praza do Campo, que fue foro romano y posteriormente mercado medieval. Sin duda un espacio en torno al que se desarrollaba el día a día de la ciudad.

Continuamos la Plaza de Santa María, donde se erige la Catedral de Santa María, construida entre 1129 y 1273 en el lugar que ya se había levantado la primera iglesia de Lugo y que databa del siglo I. El hecho de que las obras se alargaran durante más de un siglo conllevan que tenga una mezcla de estilos en su edificación. Así, aunque predomina el románico, tiene elementos góticos (capillas) y neoclásicos (fachada principal).

Muy cerca se encuentra una cuarta plaza relevante, la Plaza Mayor de Lugo o Plaza de España, donde durante la Edad Media se celebraba el mercado y que posteriormente, en el siglo XVI, se amplió y se construyeron nuevas edificaciones. Hoy podemos pasear por sus jardines, observar el Ayuntamiento con su fachada barroca de 1738 y su torre del reloj del siglo XIX (inicialmente construido para Málaga)

Con poca luz ya, subimos a la muralla, para despedirnos de Lugo con una perspectiva diferente. Se puede acceder a la ronda gracias a escaleras anexas a la construcción ubicadas en junto a los siguientes accesos: en la Plaza de Campo Castelo; en la Plaza do Cantiño; junto a la Porta da Estación, Porta Nova, Porta Miñá y Porta de Santiago (esta última por rampa). Nosotros elegimos la primera de ellas y dimos la vuelta hasta la Porta Nova, donde bajamos y atravesamos la Rúa Nova de camino a Santo Domingo para dirigirnos al coche.

Nos dejamos muchos puntos de interés por visitar, pero es que la parada fue más técnica que turística. Fue un breve paseo de una hora antes de continuar nuestro viaje a A Coruña, donde llegamos a las 9 de la noche.

Habíamos elegido un apartamento para los cuatro, y allí nos estaba esperando nuestra anfitriona, para enseñarnos las diferentes estancias y darnos algunas indicaciones sobre la calefacción, las llaves y hora de salida. Descargamos nuestros bultos y, sin apenas tiempo que perder, salimos en busca de un sitio donde cenar. Por aquella zona no encontramos muchas opciones y no queríamos darnos un paseo más largo hasta el centro, pues estábamos cansados, así que nos conformamos con un asiático en el que tenían comida para llevar y volvimos al apartamento a cenar y dormir. Era primordial descansar para estar frescos para el siguiente día.

 
 
 

Comments


bottom of page