Esa extraña patología de creer mentiras (o manual del perfecto fanático)

Todo el tiempo, mis familiares y amigos me envían “noticias” que ven por ahí para que les dé mi opinión de periodista. La inmensa mayoría de las veces, se trata de noticias falsas que la gente está predispuesta a creer.
El otro día, un conocido me mandó una nota de que López Obrador iba a poner impuestos por tener mascotas. La nota era de un sitio de internet que publica mentiras disfrazadas de sátira. Era tan evidente la farsa, que no hacía falta ni leer la nota. Como el conocido en cuestión sufre una animadversión patológica contra López Obrador (de esos casos que abundan), su capacidad de discernimiento no pudo distinguir entre una mentira publicada en un sitio de internet que abiertamente reconoce publicar información falsa, con una nota seria que tenga algún grado de aproximación a la verdad.
Algo similar ocurre con una gran cantidad de información que familiares míos me hacen llegar, en mensajes que circulan por WhatsApp.
Las mentiras se han vuelto cada vez más comunes en lo que respecta a la información pública por dos razones:
1) La lógica de mercado de internet hace que entre más tráfico tenga un sitio, más dinero genera. Esto es un incentivo económico para fabricar escándalos sin importar su apego a la verdad.
2) Porque diferentes grupos de poder utilizan estas nuevas tecnologías de la información para confundir a las masas y golpear a sus rivales políticos con mentiras e información descontextualizada.
Todo esto lo único que está generando es una enorme confusión, un ambiente de encono y confrontación ante una realidad compleja que, ya de por sí, se presta a múltiples interpretaciones.
En algunos casos, caer en mentiras puede deberse a ingenuidad o una simple confusión.
Pero en los casos más graves, el problema está en otro lado. La raíz de la mentira como patología no está en los medios, sino en la propensión de la gente a creer las mentiras que le satisfacen. Lo más paradójico es que dichas personas, particularmente susceptibles a caer en el FANATISMO, se asumen como CRÍTICOS cuando al mismo tiempo, son incapaces de DISCERNIR si la información que consumen es real o no, y esto se debe precisamente a su propensión a MENTIRSE a sí mismos.
En síntesis, se engañan a sí mismos, porque la mentira les resulta más cómoda de digerir. Extrapolan su desgracia personal hacia afuera, y por ello suelen culpar a agentes externos de su propia desgracia. De ahí que los fanáticos sean tan propensos a asumirse como víctimas de otros, a quienes suelen percibir como enemigos. Ideologías como el fascismo, tan de moda en nuestros días, han sabido explotar esta mecánica social para sus propios fines.
El problema no está en ser crítico. Al contrario, la crítica bien fundamentada es indispensable para ayudarnos a contrastar nuestras propias creencias y a expandir nuestra percepción de la realidad. La crítica está muy bien como medio para poner en duda nuestras certezas sobre el mundo.
Pero no se puede hacer ninguna crítica válida partiendo de MENTIRAS y FALSEDADES. Escupir prejuicios no es hacer crítica. Eso es otra cosa: la reafirmación de la ignorancia.
Eso es precisamente lo que hemos visto en México, de manera muy clara, durante la epidemia de covid-19, donde ha habido un intento orquestado y deliberado de ciertos grupos políticos por desinformar y confundir. Esto ha provocado que la gente invierta mucho tiempo en discutir cosas ABSURDAS QUE CARECEN DE FUNDAMENTO, mientras que las críticas serias suelen pasar desapercibidas, precisamente, porque requiere un esfuerzo para comprender el argumento. Todo lo contrario ocurre con las MENTIRAS, que son fáciles de digerir, porque apelan a las emociones reprimidas que los seres infelices tratan de resolver incluso con afirmaciones carentes de todo sustento. Esto explica la tendencia irascible de los FANÁTICOS.
La VERDAD, en cambio, requiere esfuerzo y búsqueda interna, implica reconocer cosas dolorosas que ocurren dentro de nosotros mismos. Por eso los grandes maestros de la historia, han señalado que la VERDAD está oculta dentro de cada persona. Pero si las personas tienen miedo de mirarse hacia dentro, SEGUIRÁN SIENDO PROPENSOS A CREER MENTIRAS, sin importar que las lean en un periódico o se las cuenten a la almohada.
Pensaba hacer un curso para ayudar a la gente a distinguir noticias falsas, en estos tiempos de confusión, pero reflexionando sobre este tema, me di cuenta que es algo completamente inútil, por lo mismo que comento.
Por ello, haré caso a un consejo que oí recientemente de Lao Tse, y practicaré la no-acción, es decir, dejar que las cosas ocurran, no sin antes compartir esta reflexión que quizá pueda ayudar a alguien a encontrar sentido a este mundo confuso y caótico.
Para los más aferrados, sólo me resta desearles mucha suerte en su mundito lleno de mentiras. La necesitarán. ::.

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