ERRORES QUE SE PAGAN CARO
Por Manfredo Kempff Suárez
Desde hace años, sí desde hace años, que venimos insistiendo con majadera insistencia en la necesidad de tratar de buscar y encontrar mercados para nuestra producción y no de encuevarnos como bárbaros. Desde hace años que imploramos que no se impongan los intereses políticos sobre la economía y que se puede hacer una cosa sin liquidar la otra. Así lo hace Chávez, el mentor de este Gobierno. Pero también lo hacen otros, que, como se dice, guiñan a la izquierda pero doblan para la derecha.
Con la cuestión de las preferencias arancelarias de la ATPDEA que nos otorgaba Estados Unidos, todos los medios informativos, pero, con mayor razón, los empresarios dedicados a las manufacturas y sus trabajadores, no hicieron más que rogarle al Gobierno que negociara con EEUU para que Bolivia no quedara fuera. Se demostró que perder los beneficios de la ATPDEA sería sentenciar al hambre a miles de bolivianos y mandar a la quiebra a decenas de empresas. Sin embargo, nada se pudo hacer para conmover a estos pretenciosos caciques que se mueven en la peor testarudez.
No se puede comprender cómo se llegó a romper lanzas con los norteamericanos, diciendo estúpidamente, que la globalización y el libre mercado estaban en un irremediable ocaso y que había que buscar otras vías para el comercio. Resulta inconcebible, microcéfalo, atolondrado, que se le hubiera prestado oídos a Hugo Chávez, quién, muy suelto de cuerpo, haciendo sumas y restas alegres con S.E., prometió que Venezuela compraría todos los textiles que Bolivia no colocara, además de las oleaginosas. El final lo conocemos: Venezuela no cumplió con adquirir nuestros textiles y tampoco nuestras oleaginosas, que, ¡horror de horrores!, decidió adquirirlas de los yanquis.
Por si fuera poco, los masistas nos metieron en esa nebulosa, también inspirada por Chávez, que es la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). Ese fue el acabose de la cosmovisión económica que el MAS y su Presidente tienen sobre el futuro de Bolivia. Acabamos con un intercambio de 5 mil dólares con Cuba el 2007, y – ¡horror nuevamente! – con un balance comercial desfavorable con Venezuela. Quiere decir que el Estado Plurinacional compró más de lo que vendió a la República Bolivariana. He ahí nuestro negocio con el mejor amigo que tenemos, dizqué.
Esto del comercio nos acarreó otra suerte de desencantos y hasta conflictos vecinales. Como el sistema imperialista está irremediablemente moribundo según S.E. (que lo dice ingenuamente por donde va), perdimos la oportunidad de negociar los tratados de libre comercio (TLC) con EEUU y con la Unión Europea (UE). Hicimos un desmadre en el seno de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) porque Perú, Colombia y Ecuador, decidieron optar por los TLC. Nos dejaron plantados porque nosotros – que nos importa más la política que la economía – decidimos que ninguno de los cuatro países miembros de la CAN negociara por separado, pero tampoco queríamos negociar en bloque. ¡El perro del hortelano! Nos dijeron “good by” y los tres se fueron encorchetados en busca de mejor suerte, mientras Bolivia se quedaba en el ocaso del ALBA.
Ahora las pequeñas y medianas empresas textileras se están trasladando al Perú para aprovechar de las concesiones del mercado gringo, y los microempresarios alteños tratarán de ubicarse en Arequipa y Puno. Es decir que Bolivia se quedará sin empresas. Pero, además, sólo Ametex ha tenido que despedir a 1.430 empleados anteayer. Las pérdidas son enormes. Y como ha afirmado el gerente del IBCE, Gary Rodríguez, Bolivia ya se ha convertido en un país de “exiliados económicos” que huyen de la quiebra y la pobreza. Además de los que fugan del terror político.
Esto, tarde o temprano, necesitará de un juicio de responsabilidades que lleve engrillados a los tribunales a los microcéfalos. No se puede perdonar la destrucción de una economía así como así. La majadería, la ineficiencia y la corrupción, tendrán que ofrecer cabezas en su momento. Y de que la hora va a llegar, llegará irremediablemente.

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