ENSÉÑAME A SER NORMAL

Enséñame a mirar a los ojos así me duela mirarlos, así no entienda por qué y para qué.
Enséñame a tolerar a sostener la mirada casi sin parpadear y de paso enséñame cómo escuchar al mismo tiempo, cuando mi mente solo puede procesar un estímulo sensorial.
Enséñame a tener mis manos quietas, a no saltar, a no balbucear, a no balancearme para no llamar la atención ni perturbar mi entorno o molestar a otros.
Enséñame a rendirme, a romper mi propio orden que para dejar entrar los cambios que tú me impones, enséñame a aceptar los caminos imprevistos, de repente y sin previo aviso.
Enséñame a aceptar que otros siempre decidirán por mí.
Enséñame a entender doscientas instrucciones por minuto y a ejecutarlas al pie de la letra, enséñame a no pedir tiempo para procesar la avalancha de exigencias y a cumplir con todo para no parecer tonto o lento.
Enséñame a no explotar, a contener mis emociones, a no gritar desesperado, a hacer como que nada pasa.
Enséñame a no pedir comprensión, a no pedir ayuda, a no sentir que el mundo me debe un abrazo o un poquito de comprensión.
Enséñame a no hablar siempre de lo mismo, a entablar conversaciones con gente a la que no entiendo, a hablar de cosas aburridoramente normales y a olvidar mis propios discursos, mis teorías.
Enséñame a no estar triste, a no necesitar irme al rincón, a no esconderme en la trinchera de mi cuarto, a sonreír, aunque esté echo pedacitos por dentro.
Enséñame a ser normal porque es el único camino, porque ya comprendí que es la única forma de estar en este mundo y que te quieran en él.
Enséñame que yo aprendo. Enséñame aún a costa de quien esencialmente soy.

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