Empleo, dignidad y muerte
Por Gary Antonio Rodríguez Alvarez
Al principio no creí la noticia, pero la fuente era seria. “Recesión aumenta los suicidios en Japón” reportó CNNExpansión.com (29/MAY/09) informando que el rigor de la crisis había hecho subir en abril a 100 el número de suicidios en aquel país. He aquí lo increíble: fueron ¡100 suicidios por día!
Yasuyuki Shimizu, jefe de Lifelink —una organización dedicada a evitar el suicidio— explicó que el alza de las muertes coincidía con el cierre del año financiero que traía bancarrotas y despidos derivados de la crisis mundial que derrumbó en 4% la economía japonesa.
El fracaso es un duro golpe para el orgullo japonés. La dignidad para ellos cuenta mucho y en situaciones como éstas se abstienen hasta de pedir ayuda porque “no es digno”. Ahora, si bien es cierto que hubo suicidios de especuladores por causa de la crisis en EEUU y Europa, Japón impacta, porque para algunas personas allá, perder su empleo equivale a perder la vida misma.
¿Por qué abordar una noticia tan triste? Porque el mundo se sumerge en las turbias aguas de la recesión y su “tercer coletazo” —luego de los sectores financiero y económico— será sobre el sector social, justo cuando Bolivia se complica más. La “crónica de una muerte anunciada” se ha consumado: perdimos el ATPDEA para vender a EEUU confecciones, marroquinería y otros, sin aranceles. ¿Las reacciones? Muy diversas: negación, excusas, reclamos, desvaríos, “propósito de enmienda” y, finalmente, la derrota de ver gente en las calles reclamando trabajo.
Más allá de la danza de cifras sobre la caída del empleo por dicha causa, son muchas las familias que viven hoy verdaderos dramas por haber perdido trabajos dignos, sostenibles y bien remunerados. Soslayar la importancia de los mercados externos resultó poco inteligente. Hoy es EEUU ¿será mañana la CAN, después la UE, etc.? ¡Cuidado! Cuando se pierden los mercados, las industrias no tienen para qué producir y la variable de ajuste es el empleo.
Del sector exportador dependen 400.000 trabajadores y si tan sólo 7 de cada 10 fueran jefes de hogar con los dependientes que el INE les asigna, el beneficio alcanzaría al millón y medio. Esto gracias al mercado externo, no el mercado interno que está avasallado por el contrabando.
El proceso de aprendizaje de los servidores públicos en materia económica es lento y el costo social, muy alto. Nunca aceptaron que la caída de un mercado podía hacer perder miles de empleos como en Ametex, el Club de Madres “Nueva Esperanza”, Asarbolsem y muchos pequeños talleres. No entendieron que “UN” empleo cuenta pues detrás de él hay bocas que alimentar. ¡Es fácil ser indolente, cuando el empleo no es suyo!
Por eso —aunque no como en Japón— en Bolivia crece también el número de víctimas del desempleo: aquellos a quienes se les mató la esperanza de vivir y progresar en base a un trabajo digno y por esfuerzo propio.

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