Embriaguez de mañana
La noche tristemente insomne se desnuda en el frío de la mañana, en los labios morados del pordiosero que dormita en la banca de un parque mientras los perros danzan de alegría junto a sus dueños y su frísbi rojo surcando el viento sucedáneo que transita la arboleda.
Fueron los ardores inconfesables de la carne siempre abyecta que ladra y resuena en la concupiscencia despreciable del que sueña, como un hombre derretido sentado en la banqueta jubto a su hijo haciendo hoyos en la tierra, una mujer hermosa perfumando el aire lila que se desprende de la húmeda lavanda, un balón desinflado en medio de la calle que nada dice.
La mañana habla un idioma de luces muertas, habla de raíces y hojarasca, habla de la mirada interior que reverdece en los olvidados pastizales del alma, es la partitura que remueve todas las caricias secretas guardadas con llave en el ritmo de la sangre, como las flores huérfanas gimiendo una canción de tonos azules, es un conjuro, el poema doliente que se escribe entre la herida y la entraña, símbolos antiguos que describen cada parte del todo, la piel del universo cuando respira una tempestad de versos sonrientes. ::.

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