Ella montó su propio carruaje de fuego al cielo.
Por: Rodrigo Haydar Osegueda
Se dice que antaño los seres humanos subían los cielos y las montañas sagradas. Entonces, Dios les hablaba y les hacía conocer la voluntad destinada para su pueblo. El mensaje muchas veces fue indescifrable y muchas veces la gente no pudo escuchar la voz del buen Dios.
Entonces, emergieron los y las místicas, hombres y mujeres comunes cuya experiencia reivindica la geografía de las escaleras al cielo y de los ángeles al interior de la humanidad, de su carne y de su alma.
Por excelencia, Teresa de Jesús se ha transformado en maestra de todos aquellos y aquellas que con añoranza desean encontrar el Cristo de su corazón.
En lo externo esta santa entregó su vida a la institución del Carmelo, forjando un testimonio de que al Amado también se le encuentra en las cosas concretas, cotidianas, terrenas. En lo interno, vivía en expansión constante adentrándose en los mares del misterio de su alma.
Con oración insaciable esta santa experimentó la comunión mística con Dios, primero en breves instantes, luego por largos momentos, hasta que finalmente fundió su voluntad en la del Divino Esposo. Ella se volvió Él; Él se volvió ella. Por supuesto no se trata de un rapto egoísta, si bien aprendió a “desprenderse de las demás criaturas”, volvió a ellas para ver en cada una manifestación de Dios; del amor a Jesús provino el “amor hacia las almas”. Esto último se veía reflejado en su carácter compasivo, en su paciencia para con los otros y en su dura disciplina para consigo misma.
Dios era todo para ella y la motivaba a vivir pese a cualquier sufrimiento, pues sabía que en el camino del amor todo cuenta y que nada es vano. Padecía más su alma por el deseo de llegar a la alcoba nupcial, que su cuerpo débil y enfermo.
Un día como hoy, nuestra querida Madre Teresa –hija del profeta Elías–, montó su propio carruaje de fuego al cielo. Su espíritu se entregó con plenitud a Dios, la misma plenitud de cada instante de su vida.
“Aspira a lo celeste” nos decía, confirmando después que se trata de nuestra propia alma, aquella que debemos conocer para poder reconocer el verdadero valor de la humanidad y entonces poder afirmar como ella: “Sólo Dios basta”.
15 de octubre 2021


.png)




Comments