Elegía del aire
El aire desprolijoiba recubiertopor una niebla tóxica.
Era el tufo gris de la hidra de mil cabezas vomitando la miseria del mundo.
Y los niños respiraban muerte y los animales respiraban muerte y los dioses muertos respiraban muerte.
El valle se vistió de veneno, mientras algunos vociferaban el anhelado fin de los tiempos.
Iban con la cabeza turbia, los ojos baldíos de tanta ceguera y el farragoso aliento del amargo corazón.
La Tierra musitaba una copla llena de aspavientos, una herida que todavía supura.
Nadie parecía advertir que todo hábito mórbido engendra cadáveres.
Fuimos rehenes del aire-gangrena persiguiendo sueños nauseabundos en el último anuncio de la TV.
Fueron los vientos de la ira que regaban el incendio por doquier.
Fue la peste del clima y su broma macabra devolviéndonos el gesto.
La máquina voraz del consumo seguía su curso, hirviendo el planeta, entre tanta jodida indiferencia.
Los mercados celebraban victoriosos cuando los tiranos decidieron cortar cada árbol, cada cerro, cada río.
“¡Espantarán a los inversionistas!”, reprochaban a quienes protestaban contra el nuevo holocausto.
La tierra sangra la sangre tierra y los hombrecillos miserables solamente se lamentan.
Respiran veneno, beben veneno, oyen veneno, miran veneno, piensan veneno, repiten veneno.
Otro mundo fue posible en la mente del que sueña con las manos y el corazón.
Un alegre vergel donde la risa y el alma limpia sean sinónimos de riqueza.
Un mundo donde el despojo y la propagación de la ruina no sean alabados en las revistas de negocios.
El destino del ser humano está siempre al alcance de su mano.
Otro mundo arborescente sigue siendo posible en la lucha cotidiana del que ama.
Y mientras tanto, el aire pálido oscurecía los pulmones.
Y mientras tanto, las noticias derramaban espanto y nula esperanza.
Es el negocio de los insaciables avaros que administran la infamia con su dinero sabor a raticida.
Pronto no quedará nada: ni un sorbo de aire azul, ni un bebedero de agua clara.
Todo se irá pudriendo lentamente en la inmensa cloaca de la historia humana.
El tiempo vendrá sobre nosotros y maldeciremos la suerte del mundo, la crueldad de los dioses.
Mejor eso que abrir el corazón y aceptar la verdad: la violenta naturaleza del hombre.
Morirán las abejas y los ajolotes, se secarán las selvas y los ricos se quedarán con todo.
Las flores tristes llorarán de pena sin que nadie les cante una canción al oído.
El aire ardiente soplará sobre el mundo, como un infierno desatado en los mares de la desiria.
Nadie notará cuando nos hayamos ido porque nada quedará después de nosotros. ::.

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