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El virus que se unió a la marcha en el Paro Nacional de Colombia

Por: Patricia Quintero Barrera

En marzo del 2021 nos encontrábamos en pleno Paro Nacional, en pandemia y en época preelectoral presidencial. Ese virus que visitó al mundo no impidió que en el país nos volcáramos a las calles para dejar la voz de protesta en alto ante la Reforma Tributaria del gobierno, ya que Colombia enfrentaba un déficit fiscal sin precedentes y las decisiones del ejecutivo le endilgaron el pago de impuestos a la clase trabajadora. 


Aquel domingo cinco estudiantes de Antropología de la Universidad del Cauca, entre cientos de ciudadanos de Popayán nos dimos cita en la Plazoleta de Santo Domingo para pronunciarnos en contra de la Reforma Tributaria del gobierno del partido político del Centro Democrático. Los jóvenes se ataviaron con camisetas, jeans, tenis y cachuchas. El temible virus, que hacía lo suyo en el planeta, obligaba a portar tapabocas que además de evitar el contagio, también cubría la mitad de la cara. Pero ese día, Coronavirus también acompañó a los marchantes, se unió a la protesta nacional, se cubrió con tapabocas para no contagiar a nadie, lo hizo en secreto para no generar incomodidades.

Arquímedes, Leonardo y Estrella llevaron pancartas con letreros acerca de la plusvalía, el trabajo en comunidad, el tejido popular y la expresión “la vamos a tumbar”, que se hizo frecuente en las numerosas marchas. Lucía tenía impreso en su camiseta: “La lucha nos da lo que nos quieren quitar, además de la pañoleta violeta que simbolizaba entonces y aún en el presente a los movimientos feministas. Por su parte, Diógenes se colocó la bandera colombiana a manera de capa y llevó su cámara profesional para registrar todo lo que ocurriese ante sus ojos, ya que se desempeñaba como corresponsal de prensa independiente para un medio digital alternativo.

La manera como los jóvenes cubrieron su cuerpo representó al resto de los marchantes, quienes se ataviaban con prendas que les posibilitaran caminar los largos kilómetros que formaban parte del periplo. Sus cuerpos iban vestidos de tal modo que, al verlos en conjunto, se confundían unos con otros. Las pancartas, la bandera y la pañoleta actuaban como dicientes evidentes de las situaciones que los motivaban a exponerse en la protesta, cuidadosamente preparadas para la ocasión con el fin que su mensaje fuese claro y directo.

La noche anterior se reunieron en la casa de Estrella para hacer las pancartas. Escogieron ese lugar porque Lucrecia y Cesar Borgia, los padres de la joven, eran líderes sindicales de la Juco y les acolitaron la decisión, también les ofrecieron una cena y les facilitaron los materiales para dibujar las pancartas. Los universitarios usaron temperas de colores, cartulinas, pinceles y marcadores. Ellos pensaron y discutieron en qué escribirían y en qué dibujos realizarían. Entre las 6:00 y las 11:00 de la noche se rieron, comieron y comentaron las noticias recientes de Popayán y del escenario nacional. Se quedaron a dormir en la casa de Estrella ya que el alcalde había decretado “toque de queda y ley seca”. No se dieron cuenta de que Coronavirus también se reía y pensaba en lo que pasaba en el país. El virus los acompañó todo el tiempo, aprovechó que cuando quería nadie lo podía ver, pero quería escuchar los diálogos de los jóvenes y así entender qué motivaba a los colombianos a romper las reglas del aislamiento y exponerse en las calles. Cuando los jóvenes acabaron las pancartas y planearon su intervención del día siguiente, Diógenes les dijo:

– ¡Ey compas, ni crean que ese puto alcalde nos va a joder la noche!

– Pillen lo que le saqué a mi papá del bar de la casa, ja, ja, ja.

Sacó de su mochila un litro de aguardiente Caucano tapa verde con unas copitas de plástico y se armó un bareto que compartió con sus compañeros.

-¡Este man! – Grito Arquímedes.

-¡Vos andás en todo, parcero. Buena pa’ esa!

Lucía buscó en su celular la playlist que más le gustaba. Así pasaron la noche, hablaron de todo hasta de un ensayo que les había pedido el profesor de Métodos de Antropología sobre un contraste entre el funcionalismo y el estructuralismo, en medio de risas ellos bailaron cuando sonó el “Himno de la Guardia indígena”. Por su parte, Coronavirus se durmió al lado de Konan, el Pitbull de Estrella. Los dos se hicieron un ovillo de pelos, lípidos y carbohidratos mientras que en el ambiente sonaba la canción:

Pa’ delante compañeros dispuestos, a resistir

Pa’ delante compañeros dispuestos, a resistir

Defender nuestros derechos, así nos toque morir

Defender nuestros derechos, así nos toque morir

La marcha fue intervenida por el Smad, la fuerza letal de la Policía atacó a los ciudadanos con gases lacrimógenos y con chorros de agua lanzada desde tanquetas. Diógenes fue capturado cuando estaba arrojando bombas de pintura a las paredes de la Alcaldía. Lo incriminaron por pertenecer a la “Primera fila” y se lo llevaron a la estación de Policía del Barrio Bolívar.

Arquímedes logró escabullirse entre la gente. Aprovechó la oportunidad en medio de gritos, agua y del ardor en sus ojos por los gases. Buscó a sus compañeras, sin encontrarlas. Ellas se metieron en la Facultad de Antropología de El Carmen, quedaron allí con unos treinta jóvenes. El aturdimiento llenaba todo el espacio, las llamadas por celular a los amigos y a la familia. Lucía logró comunicarse con Arquímedes:

-Parcero, esto se volvió un mierdero.

-Esos hijueputas tombos se llevaron a Dio, qué le irán a hacer…

-Véngase a Humanas, acá estamos todos.

El muchacho corrió como pudo, se le perdió la cachucha y entró a la Facultad.

Allí, decidieron hacer el “Campamento de Antropología” que duró casi un mes. Fueron llegando carpas, utensilios de cocina, alimentos, cobijas y libros que les donaban. Quemaron pupitres para hacer fogatas y preparar ollas comunitarias. El espacio de El Carmen se convirtió en un traje – artefacto enorme que cubría y protegía los cuerpos y la vida de los muchachos. Ese espacio tan cotidiano y reconocido por ellos, después de la marcha en protesta social por las Reformas del momento, pasó a ser un lugar de resguardo y de medidas de seguridad que adoptaron los universitarios que asumieron los liderazgos.

Coronavirus no entendía del todo lo que ocurría en una ciudad intermedia, de un país que casi nadie conocía, del que se decía que producía la mayor cantidad de cocaína del mundo y que exportaba a mercenarios para matar a presidentes. Al enterarse de que a Diógenes se lo había llevado la policía, decidió ir a buscarlo. No entendía cómo a un muchacho que hablaba de un tal Levi Strauss, de un tal Malinowski y de etnografía, que la noche anterior había estado pintando en una cartulina, que era casi un niño lo tenían preso. Al llegar a la estación de Policía del Bolívar, se dejó ver, se tornó enorme, le salían bocanadas de gases de unos componentes tóxicos cuya composición nunca se pudo establecer. Logró infectar a los policías, cubrió a Diógenes con una delicada membrana verdeazul de Pfizer-BioNTech y se lo llevó.

-Uy marica, ¿y usted de dónde salió?

-¡Qué pinta tan bacana que tiene!

 
 
 

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