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El viaje de Nisha

Jun 3, 2022
3 min read

Escrita y dirigida por la directora noruega Iram Haq (Varg Veum), El viaje de Nisha es una dolorosa historia sobre el choque de culturas y la importancia del “qué dirán” que aún pervive en algunas sociedades. Inspirada en las propias vivencias de su creadora, la traducción del título en español no es tan elocuente como el original en noruego (Hva vil folk si) o inglés (What Will People Say). El viaje de Nisha bien nos podría hablar de un viaje propiamente dicho o también figurativo con una superación personal, algo así como el viaje del héroe. Y aunque de alguna forma hace alusión a la trama de la cinta, lo cierto es que un “Qué dirá la gente” habría sido bastante más acertado. No solo porque es la traducción literal, sino porque aquí también tenemos muy claras las connotaciones de la frase. Aunque hemos evolucionado como sociedad, lo cierto es que aún en muchos lugares de España se vive con esa creencia de que los problemas y los trapos sucios han de quedarse de puertas para dentro. Existe aún un poso judeocristiano que le da especial importancia a la tradición y al honor. Pero no solo hay que ser honrada, sino también parecerlo. Y sí, lo menciono en femenino, porque tanto aquí como en Pakistán, la honra y la deshonra de la familia recae sobre los hombros de las mujeres.

La protagonista de la película, Nisha, es una joven de dieciséis años que ha nacido y crecido en Noruega. Así, se comporta como cualquier otra adolescente de su edad: sale de fiesta, tontea con chicos, bebe, fuma… Sin embargo, lo que la diferencia de sus amigos es que sus padres son de origen paquistaní. Y aunque están aparentemente integrados desde hace años en la cultura y sociedad noruega, lo cierto es que las normas éticas y sociales que rigen en su casa se basan en las de su país de origen. Nisha tiene sus dos facetas bien separadas, pero todo se viene abajo cuando su padre la sorprende en su habitación con el noviete y le da una brutal paliza a este.

Tras el incidente Nisha se refugia en un piso tutelado por los servicios sociales. Mientras tanto su familia busca una solución a lo que su cultura considera una grave deshonra. La primera propuesta es que se case con el muchacho con el que fue sorprendida, pero ella descarta esa opción porque ya ha roto con él; así pues a su padre, con el asesoramiento de otros cabezas de familia de su entorno, decide que lo mejor es mandarla, contra su voluntad, a Pakistán para que aprenda su cultura y sea reeducada lejos de las costumbres noruegas. Es entonces cuando arranca la odisea de la protagonista en un país que no conoce y con unos parientes cuyas normas distan mucho de su mentalidad occidental.

El viaje de Nisha es la colisión entre dos mundos. Si bien, a diferencia de otras ficciones, la cinta no se centra en los problemas de integración (o sentimiento de pertenencia) de los migrantes de segunda generación en el país de acogida de sus padres, sino que pone en el centro el choque de culturas en origen. Porque Nisha puede haberse criado con muchas costumbres propias de Pakistán o celebrado sus tradiciones, pero al haber nacido y crecido en Noruega no tiene ese vínculo.

Aunque este viaje a las raíces y el choque de dos mundos antitéticos no sea una temática especialmente novedosa, El viaje de Nisha consigue transmitir esa dificultad de la protagonista de desenvolverse entre dos culturas y su desazón al encontrarse fuera de lugar y sin un ápice de libertad. La película se hace más dura a medida que la presión va creciendo sobre Nisha y esta se siente asfixiada por unas tradiciones férreas y arcaicas. Es imposible no empatizar con su sufrimiento y hay que señalar que el magnífico trabajo emocional de la debutante actriz Maria Mozhdah tiene mucho que ver.

Pese a que la cinta tiene sus peros como ciertas incoherencias en los actos de los personajes y un desenlace un tanto irreal, hay que reconocerle a El viaje de Nisha la valentía para denunciar unos hechos que lamentablemente aún siguen sucediendo. No entra en juicios de valor sobre las tradiciones o costumbres expresamente, pero sin duda cumple con su objetivo de señalar las incoherencias de quien se marcha de un lugar en busca de un futuro mejor, con mayores oportunidades, pero de alguna manera se resiste a incorporar nuevas fórmulas e impone a los suyos unas que quiso dejar atrás. Hay realismo en El viaje de Nisha, quizá porque Iram Haq sabe de lo que está hablando y lo ha vivido de cerca, y esto, junto a una narración bien armada hacen que sea una obra muy interesante.


 
 
 

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