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EL POETA QUE ENTENDIÓ AL UNIVERSO E INSPIRÓ A ALBERT EINSTEIN

Sep 24, 2019
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Hace poco tuve una reunión dónde fui invitado algo tarde. Llegué como por las once de la noche y antes de entrar se me advirtió rotundo: – Aquí hay un sujeto que considera a la poesía como nula cultura e insignificante para la vida y trascendencia del hombre. Ante tal afirmación, fue inútil frenarme la sangre, pero guardé cautela y reflexioné el contacto de mi compañera de aquella noche, que hacía recomendaciones de serenidad con sus dedos sobre mi pierna (apretando levemente mi muslo cada que el tema alcanzaba a surgir). 

Si bien entendí, el concepto sobre cultura no era exactamente lo que me mejor desarrollaba aquel compañero de tertulias. Puesto que, de primera mano, la cultura engloba prácticamente cualquier creación humana y más bien, es todo aquel conjunto de bienes (tanto materiales como espirituales) que se desarrollan en un grupo social a través del tiempo. 

Hasta ese momento en que llegamos al alcance mutuo del entendimiento, yo relajé un poco los hombros, pero, sucedió que mi opuesto en discusión, sacó a relucir a campo abierto una nueva pauta: la utilidad. 

De primera mano sus afirmaciones parecían de lo más atinadas, pero solo en un supuesto superfluo. Es decir, que lo arremetido era una sencilla explicación de la cual manifestaba que el uso de las ciencias nos habían resuelto distintos panoramas en la vida, como el uso de la física en puentes, el de la electrónica en las computadoras o mayores y más simples herramientas de las cuales el hombre ha ocupado para su desarrollo en general y que, por su parte, la poesía no era más que un conjunto de sentimentalismos vagos, que no habían aportada nada material a la evolución del hombre. Sin embargo, no logré sentirme acorralado. 

Tomándome un tiempo para meditar mi respuesta, inicié con una simple pregunta: ¿Qué es la realidad y por qué subsiste? Bien, para no alargar mayormente esto, fui directamente a la contemplación del mundo. Puesto sí, el hombre ha cubierto necesidades por medio de artilugios generados por la ciencia, pero cada conceptualización de estas a emanado directamente de la observación, la cual, nos ha llevado a desarrollar sensibilidad por nuestra existencia y en segunda instancia, noción de pertenencia y subsistencia con mayor grado al del resto de los seres vivos, generando calidad de vida en nuestra evolución. De primera mano, la belleza por el exterior (en conjunto con sus placeres) ha llevado al hombre a nutrirse y crecer. Si no fuéramos más que seres inferiores con necesidades únicas de hambre, sed y sueño, no existirían pues, anhelos mayores. Bastaría para nuestro claustro en el mundo, sutiles destellos de sobrevivencia, empero, aquello que nos ha dado el empuje necesario para el crecimiento no es sino el ansia de sacies espiritual; una búsqueda constante de lo bueno, lo bello y la verdad, que sin duda alguna, la filosofía y las artes han dado pauta. 

Continuando con la discusión hubieron ciertas obviedades. Como el refutar a la sensibilidad misma, nuevamente referida como inútil. No obstante, cabe aclarar cierto concepto: la utilidad, solo podemos entenderla para estos fines, con peso económico. Porque sí, la poesía no puede llenarnos de riquezas materiales, no puede ser utilizada para la explotación del hombre ni de los frutos de la Tierra, pero, hay algo que no se toma en cuenta y es que el entendimiento al alma (cuya tarea poética es ofrecerlo) no es otra cosa que el ejercicio de apreciación para con el mundo; es el recuerdo del humano, de que sigue siendo humano. 

Para esto último, ofrecí un ejemplo basto. Un poeta que entendió al universo y de paso, inspiró la teoría de la relatividad de Einstein. Estamos hablando de Edgar Allan Poe y su libro Eureka. 

Como cierto ensayo sobre el universo, Poe nos regala observaciones a cerca de la materia y el constituir del mundo, que lo llevaron a ser tachado de loco. Con simple apreciación estética (llena, por supuesto, de maestría lírica) aquel poeta estadounidense llegó a comprender un breve atisbo de la sincronía basta en que se compone, aquello que llamamos todo, alumbrando incluso, al más grande genio de la física conocido:

“La proposición general es ésta: Puesto que nada fue, en consecuencia todas las cosas son. 

  1. Un examen de la universalidad de la gravitación, esto es, del hecho de que cada partícula tiende, no hacia ningún punto común, sino hacia toda otra partícula, sugiere la perfecta totalidad o absoluta unidad como fuente del fenómeno.”

En esto último es inevitable no pensar ya en la configuración de los átomos. Dándo además un reto a los matemáticos, expresando que en este mundo, nunca habrá nada semejante a la demostración. Y es cierto, ¿qué hay más allá sino la simple y fantástica admiración por lo existente y lo real? Poe, distando de ser pretencioso, nos demuestra que el acto poético es otro tipo de conocimiento. No es que uno esté sobrepuesto a otro, sino que todo tipo de saber se conjunta y apoya. 

La noche culminó agradable y todos bebímos bastante. La poesía demostró, nuevamente, que no hay en realidad una todopoderosa ciencia. Que todos estámos en el mismo viaje por el descubrimiento y que, finalmente, los poetas sí son, sí son, para con el mundo, algo vital.

– Eduardo Arrequín  

 
 
 

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