El padre
Florian Zeller, dramaturgo francés que lleva casi dos décadas triunfando por los escenarios de medio mundo, se estrenó en 2020 como director llevando a la gran pantalla El padre, basada en su propia obra de teatro homónima de 2014. El texto, que estrenó en París con gran éxito y se ha representado en otros países del globo, es un desgarrador ensayo, muy personal e íntimo, que escribió tras observar cómo se iba borrando la memoria de su abuela enferma de Alzheimer. Nominada a 6 premios Oscar (Película, Actor, Actriz de reparto, Guion adaptado, Diseño de producción y Edición), de los cuales ganó dos, esta ópera prima pone sin embargo en el centro de la historia – como lo hacía la obra – a un padre.
La película narra la relación entre un octogenario y su hija. Anthony (Anthony Hopkins) es un ingeniero jubilado que vive solo en su piso y que no acepta ninguna de las enfermeras que contrata su hija Anne (Olivia Colman). Él considera que se vale muy bien por sí mismo y no necesita ayuda ninguna, menos aún de cuidadoras que le roban. Este argumento tan sencillo en realidad no lo es, porque el espectador no termina de saber del todo qué es real y qué no de todo lo que ve en pantalla. Pronto se intuye que este hombre testarudo, sarcástico e inteligente sufre algún tipo de demencia senil y que su memoria se está disolviendo a cada escena que pasa. Y resulta tremendamente desolador verlo.
No es la primera vez que este tema se trata en la ficción, sí lo es sin embargo la aproximación a él. La genialidad de Zeller es que nos cuenta la historia de la enfermedad desde el punto de vista de la laberíntica y confusa mente del protagonista. Y para ello no recurre a efectos especiales, sino que se sirve de un montaje caótico. Tanto como la memoria del enfermo. Asistimos así en primera persona a la pérdida de la noción de la realidad, a la confusión, a la desorientación, a los olvidos…; pero también a los momentos de lucidez en que se da cuenta de que algo está cambiando en él. Entre sus idas y venidas empiezan a mezclarse los escenarios (la casa cambia varias veces de decoración y ubicación de los muebles), los rostros (una mujer desconocida asegura ser su hija, se refiere continuamente a otra hija, su yerno a veces tiene una cara, otras otra) y los tiempos (no sabe si es hora de desayunar o acostarse); y los huecos que deja el olvido son pistas falsas que nos desorientan. El recurso narrativo es interesantísimo y nos presenta una suerte de rompecabezas que tenemos que recomponer, pero no sabemos si tenemos las piezas correctas. ¿La casa es de Anthony o se lo ha llevado Anne a la suya para tenerle cuidarle? ¿Es cierto que Anne se va a París? ¿Existe otra hija? ¿Las enfermeras le han robado sus pertenencias?
El padre mantiene durante su hora y media una atmósfera inquietante más propia de un thriller psicológico que de un drama familiar. Consigue transmitir la confusión, los miedos y las emociones de sus personajes huyendo de escenas melodramáticas. Claro que contando con actores de la talla de Anthony Hopkins y Olivia Colman, no se podía esperar otra cosa. Es indudable que Hopkins es el centro de El padre (de hecho Zeller afirma que escribió el personaje de Anthony pensando en él) y se exhibe en el papel de anciano vulnerable que no entiende lo que ocurre a su alrededor; pero Colman no se queda atrás en su papel de hija sobrepasada por las circunstancias que se las ingenia para cuidar de su padre a la vez que intenta no desmoronarse al verle borrarse poco a poco.
El padre es una película de una enorme factura psicológica y supone una experiencia triste y dolorosa. Sin embargo, es muy realista. Cualquiera que haya tenido cerca algún familiar o conocido con enfermedades como Alzheimer o demencia puede dar fe de lo real que es el viaje a la desorientación de Anthony. No es para ver en días de ánimo bajo, pero es altamente recomendable.

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