EL MAS NO GOBIERNA Y “DIVIDE PARA REINAR”

Por Joaquín Monasterio Pinckert
Según el diccionario, gobernar es sinónimo de dirigir, conducir o acertar, y gobierno resulta de la acción y efecto de gobernar, es decir, “la forma política según la cual es gobernado un Estado”.
En esta línea conceptual, “gobierno constitucional es el que se rige por una ley fundamental”; “gobierno representativo es aquél en el que, bajo diversas formas, concurre la nación, por medio de sus representantes, a la formación de las leyes”; “gobierno totalitario es el que está organizado en forma de dictadura personal o de grupo y regula todas las actividades del país”.
Considero oportuno repasar estos conceptos cuando Bolivia se debate en una profunda crisis política, con inflación económica y manifestaciones continuas de insatisfacción social de por medio, sin que se vislumbre alguna solución en el corto plazo y la democracia corre peligro.
Si bien el gobierno del MAS es constitucional y representativo, con el andar del tiempo se ha ido perfilando como un régimen totalitario que, en lugar de gobernar para todos los bolivianos, conduciéndonos por el camino de la unidad y el desarrollo, nos está dividiendo y no escucha el clamor del pueblo que demanda empleos, alimentación, buena salud, educación y seguridad.
Lo lamentable de esta situación, que genera incertidumbre y temor en la población, es que no gobierna sino para una parte del país y simultáneamente fomenta la creación (en unos casos) y el fortalecimiento (en otros) de enclaves étnico políticos, creando conflictos en todos los departamentos, sobre todo en la media luna, como se ha visto recientemente durante la realización de los referendos por los estatutos autonómicos y en lo sucedido en Santa Rosa del Sara y Yacuiba.
Con un doble discurso mediático que cuesta millones y lo pagamos todos, el gobierno acusa a los pueblos que luchan por la autonomía de estar dividiendo el país y acude a los escenarios internacionales en busca de apoyo, matizando el “lamento boliviano” de la verborrea presidencial con la cháchara mentirosa de las “cuatro familias” y los gringos que lo quieren derrocar.
La historia nos acerca al siglo XIX, cuando el imperio inglés fomentaba los conflictos entre las nacientes repúblicas americanas, con el lema de “dividir para reinar” cumpliendo así sus insaciables propósitos expansionistas (recordar la Guerra de la Triple Infamia contra Paraguay entre otros). Lo mismo parece estar sucediendo en nuestro país, con la intención gubernamental de mantener y profundizar el centralismo, a pesar del creciente apoyo que va logrando la propuesta autonómica en más de la mitad del territorio nacional. Esta consigna perversa, que viene generosamente respaldada por los cheques venezolanos, busca dividirnos creando enclaves altiplánicos, como los de San Julián, Padcaya, Yucumo, Pananti, Yapacaní, El Chore, etc., etc., en territorio cruceño, beniano o chapaco, así como también desvirtuar las autonomías departamentales incorporando en su constitución trucha las regionales e indígenas que in viabilizan esta importante reforma, o apoyar las demagógicas propuestas de crear nuevos departamentos o municipios (el Chaco, Plan Tres Mil, etc.), al margen de la voluntad mayoritaria de sus poblaciones.
Esta división interna, que nos afecta a todos, creada por la política de despertar odios y generar confrontación que lleva adelante sistemáticamente el presidente Morales desde que asumió el gobierno, puede que no lo consolide en el poder y más bien desemboque en un grave enfrentamiento generalizado entre hermanos y en la balcanización de Bolivia, como lo anticipan diversos analistas nacionales y extranjeros. Si ese es el objetivo de la revolución del cambio en democracia de Evo y García Linera y de la bolivariana de Hugo Chávez, creo en que el día de la libertad y la autonomía está más cercano que nunca.

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