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El limbo existencial

Apr 28, 2014
2 min read

Transmitiendo en vivo desde el limbo de la existencia.

Ajusten sus cinturones, se prevé turbulencia, turbulencia, turbulencia, turbulencia…

El terruño más pobre es aquel donde el corazón en semilla nunca prende.

Por eso riego mi parcela, compi.

Nací en un bonito charco, tras un chubasco de cosas imposibles.

Advertí sobre mis ojos el sino de la vida, como una naranja que sueña un día convertirse en sol.

Y se fueron revelando los secretos ocultos en la oscuridad del inconsciente.

Y se fueron haciendo agua mis días arremolinados.

Y se fue haciendo espesa la transparente sangre de los árboles.

Y me fui amaneciendo, como los colibríes.

Y me fui anocheciendo con el rumor de luna que acompaña el canto de los grillos.

Yo soy una ceiba que echó raíces en el duro asfalto para poblar el cielo.

El vértigo de la caída nunca me detuvo.

Me gusta sentirme al filo del precipicio.

Lo hace más interesante a uno, menos susceptible al chantaje.

En el toma y daca que se padece a diario, todos quieren sacar ventaja.

Para sobrevivir a esta farsa mercantil de todos contra todos se necesita tener los sueños siempre dispuestos.

Nadie podrá resistirse al encanto de la amapola.

Nadie podrá jurar que no vio venir el terremoto.

Soy un personaje soñado por Shakespeare en un drama inconcluso.

Soy rojo como octubre.

Soy una pecera que hierve y se rompe.

Soy un aire robusto persiguiendo su propia sombra.

Una cesta de aguacates con delirios de guacamole.

Ya sé que siempre voy al revés.

Debería ponerme a comprimir barro para fabricar tabiques y construir una escalera que llegue a la estratósfera.

¡Bajan en la siguiente esquina!

El chofer no escucha. Está un poco sordo, un poco cuerdo. Su problema es no saber tararear una buena cumbia mientras su destartalado camión se hunde en el fango.

El mío es tomarme esta farsa demasiado en serio.

¿Neta? Equis we…

Y si el mundo se quema, asaremos bombones.

Y tomaremos licuado de azufre a la hora del desayuno.

Y echaré una siesta tirado en la hamaca.

Hoy andaré sordo de angustia.

Y correré haciendo círculos sobre el suelo, como las manecillas del reloj.

Así me enseñó el profeta Homero Simpson.

Así es esto de vivir. ¿Y eso a qué sabe? A taco de suadero light con leche malteada.

Yo voy tranquilo por la calle, viendo tiburones zombis agitarse como locos en esta fiebre de colores y humareda.

Nadie sabe para quien trabaja hasta que lo ve perdido.

Así no era. Pero así fue.

Ando pacheco sin pachequear.

La mota es para novatos. Yo me inyecto versos en ayunas.

La policía nunca me cree. ¡Se lo juro señor oficial! Luego le rolo unas rolas pa andar iguales o andar diferentes.

El vino es mi pariente.

Soy una sanguijuela buena onda buscando la absolución en la próxima herida.

Alabaré la belleza fugaz del tiempo. Alabaré, alabaré, alabaré.

Tengo hinchada la imaginación. A veces se derrama y uno tiene que andar por ahí recogiendo el tiradero.

Mejor así que nadar de muertito en este laberinto de similitudes.

Mejor así que ensimismarse con lo mismo de siempre.

La borrachera siempre acaba en un rugido, un latigazo, un golpe seco.

Mis ideas tiemblan como amibas.

Alabaré, alabaré, alabaré.

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