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El fundamentalismo y la Verdad

May 21, 2020
2 min read
FANATISMO

El fundamentalismo, según Wikipedia, “es el nombre que recibe la corriente religiosa o ideológica que promueve la interpretación literal de sus textos sagrados o fundacionales, o bien la aplicación intransigente y estricta de una doctrina o práctica establecida”.

El problema del fundamentalismo es que rara vez, el mundo tan complejo y contradictorio en el que vivimos se ajusta al pie de la letra a los dogmas que promueven sus doctrinas, mismas que algunos de sus fervientes seguidores suelen tratar de imponer a otros.

El fundamentalismo ha experimentado un crecimiento considerable en los últimos tiempos, porque la gente busca llenar sus vacíos existenciales con ideologías. Cuando la ideología va acompañada de un dogma (una proposición innegable dentro de un sistema de ideas) que a su vez busca imponer una creencia a otros, la historia nos muestra que ese proceso trae problemas y momentos amargos.

El mundo de hoy, en evidente crisis civilizatoria, ha sido terreno fértil para la proliferación del fanatismo y el fundamentalismo, ante la desesperación que experimentan muchas personas para tratar de encontrarle sentido al caos imperante en que vivimos.

A mí me gusta la magia, precisamente porque más que una doctrina como tal, es una forma de percepción y entendimiento del mundo que permite convertir la mierda en oro.

El fundamentalismo, en cambio, suele convertir cosas buenas en algo terrible. Está lleno de buenas intenciones y consecuencias lamentables para quienes lo practican.

El mundo convulso en que vivimos está lleno de fanáticos, y ese fanatismo es peligroso porque nubla y ciega cualquier intento de conocer la Verdad. Yo entiendo la Verdad como aquello capaz de darle coherencia y sentido a todas las cosas, un peculiar estado anímico que ayuda a establecer conexión con la fuente primordial, de la cual emana la energía vital, la energía eterna.

Como no voy a cambiar la manera de pensar de los fanáticos (ya lo aprendí), quienes a su vez llevan su propio proceso, sólo me queda hacer una revisión introspectiva, para tratar de entender por qué me causa tanta molestia el fundamentalismo que impera a mi alrededor. Esa es la verdad que yo busco. La verdad interna. La única que podemos conocer y que, mágicamente, nos ayuda a restablecer conexión con todas las cosas, porque al final, el Todo es Uno, y la división es tan solo una ilusión. ::.

 
 
 

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