El fundador
El fundador (The founder en su versión original) es un oscuro biopic sobre Ray Kroc, el hombre que pasó a la historia por convertir a McDonald’s en un emporio de restaurantes en Estados Unidos a mediados de los años 50 del siglo pasado. La película arranca siguiendo a Kroc, un gris vendedor de Illinois que recorre el país intentando colocar distintos productos que nadie quiere comprar. Pese a sus entrenamientos frente al espejo y sus discos motivacionales, no consigue el éxito que tanto ansía, aunque eso no le hace cejar en su empeño. Su último trabajo de comercial de batidoras de uso industrial para establecimientos de hostelería tampoco le está yendo todo lo bien que le gustaría. No obstante, un día todo cambia cuando un pequeño local de comida rápida en San Bernardino, California, le encarga seis batidoras.
Convencido de que ha habido un malentendido entre su secretaria y el cliente, Kroc llama directamente al comprador para confirmar el pedido. Tras la conversación, sorprendido de que no se trate de un error, decide echarse a la carretera y viajar hasta San Bernardino para visitar el negocio. Allí conoce a los hermanos Dick (Nick Offerman, Parks and Recreation) y Mac McDonald (John Carroll Lynch), los dueños de una pequeña hamburguesería que no se parece en nada a los locales de comida de la época. Allí no hay camareras, ni servicio en coche, ni bandejas, ni cubiertos… Tan solo hamburguesa, bebida y patatas entregadas en una bolsa desechable servidas en tan solo un minuto, no en media hora como en el resto de restaurantes.

Fascinado por la rapidez y eficiencia del modelo de producción, Kroc quiere conocer los secretos y, los inocentes y orgullosos hermanos, le hacen una demostración de cómo Dick, inspirado en las cadenas de montaje industrial de Henry Ford, creó un área de trabajo dividido en zonas en las que cada trabajador tenía una tarea a la hora de la preparación del pedido. De esta manera, aunque el espacio es diminuto, nadie se estorbaba porque todo el mundo se movía de forma coreografiada teniendo el pedido preparado en un santiamén.
Kroc entonces, convencido de que se trata de una invención revolucionaria con un gran potencial y que puede replicarse en otros locales, les propone asociarse y expandir su negocio en un sistema de franquicias por todo el país. Los hermanos, que ya habían intentado expandirse años atrás con pésimos resultados, se niegan en rotundo una y otra vez. Pero Kroc, que tras años de fracasos está dispuesto a arriesgarlo todo por esta corazonada, recurre a toda clase de artimañas hasta que acaba convenciéndolos y firman un contrato para asociarse.
Todo parece ir viento en popa, obviamente hay algún error o mala decisión puntual, pero las franquicias funcionan y la marca se va haciendo cada vez más conocida. No obstante, pronto las cosas se tuercen, y es es que los gastos son desorbitados mientras que los beneficios son ínfimos, por no decir directamente que va todo a pérdidas. Kroc decide ser entonces algo innovador y, sin el beneplácito de los hermanos, consigue patrocinadores que anuncien su logotipo en los menús y cambia los helados hechos en aquella batidora que los unió por unos que ahorran miles de dólares en la factura de la luz porque no necesitan ser refrigerados, sino que vienen en polvo. Estas ideas contradecían los principios empresariales de los hermanos y a partir de aquí se abre una brecha irreconciliable entre ambas partes.
Con unos puntos de vista completamente contrapuestos sobre cómo llevar el negocio, los hermanos buscan extinguir el contrato. Sin embargo, en este proceso descubren la cara menos amable de Kroc y que este no solo ha estado desvirtuando el producto, sino que se ha enriquecido con la especulación inmobiliaria. Esto es, compraba terrenos, montaba los locales y les vendía el paquete a los interesados. Los McDonald recibían su comisión por uso de la marca, sí, pero Kroc se lucraba del alquiler del terreno donde estaba el restaurante. Finalmente, los hermanos terminan vendiéndole el negocio, su innovador sistema de producción, el logo con los famosos arcos dorados y hasta su apellido.

En El fundador colisionan dos sistemas de creencias. Por un lado el de los hermanos McDonald y el de la sociedad de los años 50-60 basada en los valores familiares, en la honradez y en la cultura del trabajo y, por otro, el de Kroc, donde lo que predomina es el beneficio a cualquier precio, incluso a costa de traiciones o de usurparle la idea de negocio a otros.
El fundador sorprende con un giro de guion tras su primera media hora. En su primera parte, siguiendo a Kroc y el modelo de negocio de los McDonald, parece ir encaminada a vender el sueño americano, la idea del hombre hecho a sí mismo con la figura de ese vendedor inseguro, al borde del fracaso pero que no ceja en su persistencia y determinación; sin embargo, de repente, pasa a exponer la crueldad, el oportunismo y la ambición de un hombre sin escrúpulos. Sigue el viaje de Kroc convirtiéndolo de héroe en villano (Michael Keaton (Spotlight, Dopesick) demuestra lo buen actor que es componiendo un personaje capaz de ser atractivo y repulsivo al mismo tiempo), y aquí es cuando se convierte en una mejor película.
El guion escarba en los entresijos del capitalismo más cruento, un sistema que tolera las trampas, las mentiras y las traiciones por encima del trabajo y la honestidad, uno que pone la rentabilidad por encima de la ética, y la producción en masa por encima de la artesanal. Un sistema en el que quienes escriben la Historia no son aquellos que tienen las ideas, sino quienes saben venderlas.
La película ofrece un relato muy bien estructurado y con mucho ritmo. Transporta al espectador a aquella década de los 50 con una excelente ambientación donde destacan las vestimentas en tonos pasteles o carteles publicitarios más sencillos. Y todo ello presentado en una paleta de tonos ocres que denota cierta nostalgia. No obstante, pese a que El fundador es eficaz en su narración, su problema es que no hay profundidad en el personaje más allá de los datos históricos ni se termina de mojar. Es entretenida, eso sí. Y desde entonces miro la marca desde otro punto de vista. ¿Cómo sabrían aquellas hamburguesas de los hermanos McDonald antes de que todo se industrializara?

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